Este Blogg esta dedicado al intercambio sano y serio de las opiniones que como lectores tenemos sobre los imnumerables libros, que sobre nuestros conflictos en Centroamerica se han publicado, como un aporte a la objetividad que dichos autores deben tener, ilustrando de esta manera a nuestros nuevos lectores, investigadores, academicos y otros interesados en los hechos que sacudieron nuestra region por casi 50 años, en la ultima mitad del siglo XX.
Uno de mis libros preferidos por la información fotográfica que posee y que se publicara en una época de convulsiones y muerte en el país. La obra es sin duda parte de aquellos libros históricos que han pasado a la galería de la fama por su bien cuidada expresión fotográfica y el guión literario que le acompañó. En 143 páginas, el autor, un fotógrafo francés de apellido Clariond, nos sumerge en los inicios de la vorágine de violencia que sacudió a Centroamérica en los años setentas y ochentas.
Podemos encontrar históricas fotografías de los paracaidistas salvadoreños durante las operaciones COIN ejecutadas en San Vicente a mediados de 1981, o de los CUSEP en sus vehículos blindados UR-416 durante las operaciones de control urbano en la capital, así como interesantes datos de los decomisos de armamento efectuado por la Policía de Costa Rica y que tenían como destino a los grupos rebeldes en El Salvador.
El valor de la obra es su elemento fotográfico, pues el fotógrafo francés ha seleccionado una época convulsa, que siendo objeto de la atención internacional, la mayoría de fotografías disponibles, hasta ese momento, eran la publicada en los periódicos. Reproducidas en este libro, esas fotografías se vuelven icónicas e históricas y que bien que puedan ser contempladas por las nuevas generaciones de centroamericanos a través de este documento.
Una excelente lectura para esta vacaciones de agosto.
Una excelente obra sobre la guerra de las 100 Horas librada por El Salvador contra Honduras en julio de 1969. Es un documento fotográfico más que todo que ilustra perfectamente los diferentes momentos que atravesó este conflicto desde el comienzo de las expulsiones violentas de la minoría salvadoreña radicada en Honduras por el gobierno de ese país. Este es el merito de la obra, el abundante uso del recurso fotográfico para explicar el punto de vista de la autora, que valga la pena mencionar, es la señora María B. de Membreño.
Publicado en agosto de 1969, el libro, quizás, fue de los primeros en ser publicado sobre dicha guerra. En sus 110 páginas y dividido en 6 capítulos, la autora nos entrega una breve reseña de la guerra ilustrada con valiosas e importantes fotografías para aquellos que estudiamos la historia militar salvadoreña. Por ejemplo, el libro es el único que publica una foto de los vehículos blindados para el transporte de valores que fueron requisados a la banca nacional para su uso en la guerra, apodados "Las Niñas" por el enorme estruendo que hacían al estar en marcha, debido a que se les quitaron los escapes de los mismos, todo para provocar mayor temor entre las tropas hondureñas.
Fotografías sobre los principales equipos militares que utilizaron las tropas salvadoreñas en esta guerra como los Fusiles Sin Retroceso M20 de 75mm, de manufactura norteamericana, ametralladoras Browning de 7.62mm y Browning M3 de 12.7mm también pueden ser observadas, así como los fusiles G-3, Máuser y Garand; sub-ametralladoras Madsen de 9mm; en fin, toda una serie de equipo que atestigua lo bien que estaban armados los soldados salvadoreños para esta guerra.
En otra parte de la obra se pueden apreciar las fotografías de los tanques Stuar M3A1, los camiones REO M35 provistos de blindaje y bautizados con el nombre de "Rayo" y otro tipo de camiones de transporte militar y que se desconocía que El Salvador los poseyera. Por eso es muy importante este libro, por la evidencia gráfica aportada al equipamiento del ejército salvadoreño de la época.
el otro aporte significativo en la reconstrucción de los hechos de aquella guerra, es la transcripción de discursos y partes de guerra del gobierno y del Estado Mayor General salvadoreño, documentos de consulta cuando se quiere abordar el estudio de dicho conflicto.
Es sin duda una joya histórica en ese sentido y que no debe faltar en la biblioteca de nuestros historiadores militares.
TICANTE ha sido la única obra escrita en Honduras que no refleja las mentiras, exageraciones e inventos de caso todo lo que en ese país se ha escrito sobre la guerra que en julio de 1969 sostuvieran El Salvador y Honduras. Escrita por un veterano de guerra de aquel país, la misma recoge las memorias del autor en el Frente Sudoccidental hondureño, que enfrentó al Teatro de Operaciones Norte salvadoreño y cuya derrota permitió a estos últimos, conquistar la ciudad de Nuevo Ocotepeque.
Extremadamente sincera, la obra describe lo pesimamente que estaba preparado el ejército hondureño para un enfrentamiento con el salvadoreño, desnudando la realidad de TOSO y sobre todo, la organización, el mal entrenamiento y la escasa disponibilidad de municiones para tal choque. Sus memorias son además, testigos de la ineficiencia del apoyo aire-tierra del que muchos autores hondureños han considerado casi perfecto; sus descripciones de las misiones fallidas de la FAH dejan en evidencia otra triste realidad.
Lo más importante de este testimonio, es la descripción de los angustiosos combates librados contra el 1er. y 8vo. Batallones de Infantería salvadoreños que constituían la punta de lanza del TON. La descripción de los combates contra la avanzadilla blindada salvadoreña frente a la quebrada El Ticante (en razón de la cual bautizará con ese nombre a su obra) son testimonio de la fiereza de los combates en dicha área.
Es recogida también, el estado de ánimo de los oficiales del TOSO y valoraciones muy concretas sobre la confianza o no, que les merecían sus oficiales superiores y lo pobremente preparados que estaban para tan guerras. El autor hace mención de un secreto a voces que se propagó después de la guerra y que ahora sabemos fue verdad, las plazas fantasmas que existían en los batallones del ejército hondureño, lo que no les permitió enfrentar en mejores condiciones a los salvadoreños.
El autor terminaría su participación en la guerra como prisionero de guerra y como tal evacuado a las cárceles de, cuartel de San Vicente a la espera del término de la guerra y el intercambio de prisioneros. Creo que en el lado hondureño no hay otro testimonio tan descriptivo y veraz de los combates que sostuvieron ambos ejércitos y que desmiente hasta el día de hoy todas las mentiras que otros autores han tejido sobre esta guerra.
No hay duda que la obra dividida en seis capítulos y 221 páginas debe ser objeto de estudio y análisis en las escuelas militares y centros de estudio centroamericanos, pues en los anales de la vida republicana de Centroamérica, no existe parangón alguno.
Con esta obra comienzo mi estudio sobre la campaña cubana en Angola, una guerra desconocida en Latinoamérica y de cuyos escritos hay que separar los mitos de la realidad de los hechos. La obra de 175 páginas es un compendio de varios relatos sobre las vivencias de los veteranos cubanos que pelearon en esa guerra. Los relatos son demasiado cortos para mi gusto y ninguno centra en detalle algunas de las batallas emblemáticas de esa campaña.
Pero si muestran las condiciones de lucha de los cubanos de todas las armas, servicios y grupos civiles-militares de la construcción, es un vistazo a lo cotidiano de los internacionalistas cubanos, quitando toda la berborrea propangandistica de su autor, se encuentran algunos datos muy interesantes. por ejemplo, el uso de la artillería de cohetes, los BM-21, en los combates contra las fuerzas irregulares de UNITA. Como en El Salvador, la artillería fue utilizada para golpear las columnas de rebeldes que atacaban posiciones fortificadas, aunque la artillería salvadoreña no alcanzó la efectividad de la cubana, esto se debe en gran parte al escaso número de piezas que los primeros pudieron utilizar.
Las similitudes con nuestra guerra son varias, desde la formación de centros de instrucción, hasta la organización, equipamiento y entrenamiento de unidades especiales que tomaran la ofensiva contra las fuerzas enemigas. Desde el CEMFA en nuestro caso, hasta los BIC y BIAT o las Tropas de Destino Especial en el caso cubano. Estas tropas especiales cubanas han merecido mi atención desde hace mucho tiempo y espero que en la literatura de esta campaña encuentre su operatividad, recordemos que sus miembros pelearon en Centroamérica al lado de los rebeldes marxistas que intentaron derrotar a los ejércitos regulares, alcanzando la victoria solo en Nicaragua.
Es en la guerra nicaragüense que podemos ver la experiencia cubana ganada en Angola en todo su esplendor, fue en Nicaragua donde se emplearon las enseñanzas obtenidas en Angola por los cubanos y enseñadas al joven ejército sandinista, el EPS. Fue su principal estratega en Angola, el Gral. Arnaldo Ochoa, quien llego a mediados de los años ochentas a Nicaragua, quién revolucionó la forma de operar del EPS y enseñó a sus nuevos reclutas el arte de las operaciones de contrainsurgencia.
Por esta razón, el estudio de la campaña cubana en Angola es tan necesaria para comprender muchos de los cambios operados en el EPS en su lucha contra los CONTRAS. No olvidemos también, que las tropas de Destino Especial cubanas entrenaron a las Fuerzas Especiales Selectas de la insurgencia salvadoreña, entrenamiento que fue completado por los vietnamitas, razón de más para estudiar su desempeño en la guerra de Angola.
Desde el uso de las fuerzas acorazadas en una especie de doble concepción de la guerra, debe recordarse que los sudafricanos mantuvieron tropas en esa guerra, hasta las operaciones dentro del marco de la contrainsurgencia combatida contra UNITA. Es una guerra que nos lega muchas enseñanzas como en su momento lo fuera la de Vietnam y el ejército de los Estados Unidos.
Si queremos entender algunos de los aspectos más desconocidos de las guerras en Centroamérica debemos dar un vistazo a esta campaña y aprender de la rica experiencia cubana ganada en casi 15 años de intervención cubana en Angola. No es mi intención referirme al saqueo de los bienes angoleños (petróleo, marfil, gemas preciosas, etc) que practicaron los cubanos en aquel país, de sobra conocido, me interesa la experiencia de sus militares en aquella guerra.
Una de las obras que espere leer por mucho tiempo y que ha sido una completa decepción. 545 páginas jalonadas de errores, mentiras y fantasías difíciles de explicar cuando el autor es un profesional de las armas. La Guerra que El Salvador y Honduras libraron en julio de 1969 ha sido desde entonces, un tema muy presente en la política y memoria hondureña a diferencia de lo que pasa en El Salvador, donde casi ha sido relegada al olvido. Numerosos autores hondureños han abordado este conflicto creando mitos y leyendas nacionales por sobre la realidad de los hechos, nunca, sus académicos han cuestionado sus afirmaciones y han preferido endosar y hasta apoyar tales tesis.
En El Salvador, la comunidad de historiadores e investigadores dejaron de lado el tema y se han enfocada más en el conflicto interno. Esto ha permitido que los autores hondureños, cada vez con más frecuencia, agreguen teorías fantaciosas sobre su pretendida victoria defensiva en la guerra. La presente obra, es un intento del autor, mal logrado por cierto, de presentar una historia completa y coherente de dicha guerra, incluyendo en ella, los datos del lado salvadoreño. Digo mal lograda porque su autor, el Cnel. César Elvir Sierra nos presenta un orden de batalla salvadoreño que nada tiene que ver con el de 1969, pues lo que presenta en su obra es el OB de 1984.
Luego sigue con pasmosa y supuesta seriedad, describiendo las acciones militares de la guerra en las que llega a afirmar por ejemplo, que las tropas de la Guardia Nacional comandadas por el Gral. Medrano en Llano Largo, un estimado de 8 compañías, estaban cercadas por 3 compañías menguadas del ejército hondureño. Son afirmaciones que no tienen ninguna correspondencia con la situación real táctica y operativa de los frentes de batalla. O esta otra construcción fantasiosa: una larga columna de camiones en los que se conducían 3 batallones salvadoreños destruidas por el fuego de sus FSR de 75mm y morteros de 81mm.
Puede imaginarse el lector, una columna de este tamaño, es decir más de 100 camiones sorprendidos en el campo de tiro de unas armas antitanque de fuego directo (como lo son los FSR de 75mm), algo inconcebible desde el punto de vista mecánico de dichas armas. Pero lo más interesante de todo es que como prueba de ello, la propaganda hondureña solo ha sido capaz de mostrar unas 3 o 4 fotografías del suceso, en donde apenas se pueden ver 2 o 3 camiones destruidos y los cadáveres de 6 u 8 soldados salvadoreños, perdiendo la oportunidad de mostrar la columna de camiones destruidos y los centenares de muertos.
Casi todos los combates descritos en esta obra, así como en otras están llenos de errores y contradicciones, aún entre sus mismos autores, pues mientras Elvir Sierra afirma la efectividad del apoyo aéreo en los combates por Nuevo Ocotepeque, el Cnel. Wilfredo Sánchez, del Batallón Lempira (hondureño) que defendía tal ciudad, afirma en sus memorias que los dos primeros ataques de la FAH fueron fallidos y ejecutados sobre posiciones vacías.
O cuando afirma que los cañones antitanque del Lempira destruyeron los tanques Stuart salvadoreños que atacaban Nuevo Ocotepeque y otro autor hondureño, Orlando Henríques afirma que fueron los aviones Corsario de la FAH los que destruyeron estos tanques. El libro esta jalonado de este tipo de historias, a las que ya nos tenían acostumbrados los escritores hondureños, pero viniendo de un profesional de las armas que se supone conoce del alcance de las armas, de conducción táctica y operativa, uso del poder de fuego, concepción del apoyo aéreo, etc., es imperdonable.
Estamos por cumplir 50 años de esos hechos y aún no contamos con una versión completa sobre dicha guerra, espero que la obra que se anuncia para principios del próximo año, sea la que estamos esperando. Ya es tiempo que podamos leer las descripciones de sus batallas, el efecto del poder aéreo, los alcances de las operaciones estratégicas, si es que las hubieron y todo lo referente a esa guerra para enseñanza a las nuevas generaciones.
Es una deuda que nuestros historiadores no han podido saldar y que al comprometer sus escritos con una u otra posición de los contendientes no han hecho, sino, enredar más las cosas. Es una verdadera lástima que esta obra haya sido seleccionada por el
gobierno de aquel país, como la obra de texto oficial de la guerra de
1969, siendo ahora parte de la enseñanza pública de Honduras.
Seguir ocultando que la expulsión violenta de la minoria salvadoreña radicada en aquel País, con la anuencia y participación de las autoridades hondureñas, fue la verdadera razón de esta guerra, es perpetuar la mentira y el engaño de las nuevas generaciones de centroamericanos, es tiempo de aceptar nuestras errores y encararlos para poder sacar las enseñanzas pertinentes y continuar con nuestro futuro como región.
Se me olvidaba, a pesar de lo erróneo y fantasioso del libro en cuestión, hay algo que si debo reconocerle al autor, nos ha dado el Orden de Batalla más completo hasta ahora publicado sobre las Fuerzas Armadas hondureñas en esa guerra, un aporte que espero, otros sepan aprovechar para la historia.
Tenia tiempos de no quedar atrapado con la lectura de un libro, quizás por su identificación con lo que actualmente vive mi pequeño terruño o por la descripción similar de sus muertos, desaparecidos y torturados. Lo cierto es que no pude desprenderme de el hasta su fin. En 14 vibrantes capítulos, su autor nos introduce a la guerra que libran los carteles del narcotráfico entre sí, especialmente el Cartel del Golfo contra, sus otrora guardaespaldas, los "Z" y entre estos y el gobierno Mexicano. Utilizando una combinación de las técnicas básicas del reportaje con las técnicas literarias y ensayísticas, nos sumerge en un mundo de muerte, de desesperanza, del comercio de las drogas y de sus principales actores.
La primera pregunta del autor para el elector es si la guerra declarada a los carteles de la droga es solo un intento de legitimar un gobierno asumido frente a las dudas de su legalidad electoral. Su respuesta no es tan importante para nosotros sino sus implicaciones para el caso similar que vive El Salvador, sumido en su propia guerra contra las Pandillas. Aquí también hemos encontrado esas acusaciones, primero en el gobierno de Mauricio Funes que negocio una Tregua con las Pandillas para evidenciar un supuesto éxito en la reducción de asesinados por día, segundo después por el gobierno de Sánchez Cerén al declararles una guerra sin cuartel pero con estrategias hasta ahora fallidas.
Las similitudes continúan, el autor nos enfrenta a cuestionamientos artos conocidos en el caso Mexicano pero nunca esbozados abiertamente en el caso salvadoreño. El gran talón de Aquiles del gobierno Mexicano ha sido la galopante corrupción en sus principales órganos, que en teoría, tienen la misión de perseguir el crimen, por ello, cuando el anterior electo Presidente Calderón asumió su cargo entre sospechas de "amaño", decidió declarar una guerra y apartar la vista del ciudadano de su cuestionada asunción al de la guerra contra los carteles.
Pero al hacerlo tuvo que decidir a quién acudir de su gobierno, con la suficiente representatividad para encabezar esa lucha, no había otra posibilidad más que las Fuerzas Armadas. Es el guion seguido por los salvadoreños desde la Presidencia de Calderón Sol y magnificada en el quinquenio de Mauricio Funes y Sánchez Cerén. Ahora existe una profunda desconfianza en los militares mexicanos por el uso y abuso de su autoridad, por el empleo de la tortura, el desaparecimiento y otras practicas propias del crimen para combatir a los narcotraficantes.
Son las repetidas voces de alerta en El Salvador, sobre la corrupción al interior de la PNC y la FAES, en la adopción de practicas similares a las mexicanas, y que ahora salpican públicamente a nuestras instituciones, amenazándolas con llevarlas a una descomposición moral y un instrumento estatal no-confiable para combatir la amenaza que significan las Pandillas.
El otro punto clave en esta génesis, si, es la génesis de una nueva forma de guerra que combina las tácticas de una insurgencia, con las propias del crimen organizado, es la lucha por el control territorial, Los narcos en México para asegurarse los pasillos y corredores de traslado de la droga, mientras que en El Salvador, es el control territorial para reemplazar al Estado en ese control y el monopolio en el uso de la violencia.
La similitud con la guerra que libra la PNC y la FAES salvadoreña contra las Pandillas nos deja pensativos, reflexivos y asustados de una realidad mexicana, que como un guion cinematográfico, recorre El Salvador. Es que a caso no somos capaces de sacar las conclusiones consecuentes y cambiar el rumbo del país, ahora que aun estamos a tiempo. Es momento de poner nuestras barbas en remojo y dar vida a la discusión pública de la infiltración del crimen en nuestras instituciones, de la existencia de "escuadrones de exterminio" en nuestra PNC y la FAES, de la conveniencia de colocar a los servicios de inteligencia del Estado (PNC, FAES y OIE) bajo el escrutinio de la Asamblea Legislativa, etc, etc.
Este libro de 350 paginas, es el perfecto regalo para las autoridades salvadoreñas que tienen a su cargo el combate de las Pandillas, es como diría alguien, la biblia de su trabajo. La obra debería ser objeto de estudio y discusión en los ambientes académicos, ya es hora que dejemos los análisis de televisión, que no analizan nada y estudiemos un caso de laboratorio contemporáneo a nuestra realidad geográfica.
Otra de las obras de la Editorial española San Martín dedicada a uno de los conflictos menos estudiados de la Segunda Guerra Mundial, la guerra Ruso-Finlandesa que estalló el 1 de diciembre de 1939 y que duraría hasta el 13 de Marzo de 1940, dejó atónito al mundo al ver la enconada resistencia que un país pequeño como Finlandia oponía a una de las mayores potencias militares de la época, la Rusia de Stalin. Una verdadera escuela para aquellos países pequeños que por diversas razones han sido parte del entramado internacional y atención de las superpotencias.
Por otro lado, este conflicto es muy parecido al que librasen los ejércitos de El Salvador y Honduras en Julio de 1969. En ambos conflictos se observaba un servicio militar obligatorio de 1 año de duración, los Teatros de Operaciones estaban confinados por una abrupta geografía, los medios utilizados, fueron escasos y no muy modernos, y un sistema de movilización muy similar entre los finlandeses y los salvadoreños, que a la larga permitieron el éxito a ambos ejercitos (un éxito defensivo en el caso finlandés). Por eso, los estudiosos de ese conflicto en Centroamericano harían muy bien en volver su visión investigativa en la guerra ruso-finlandesa.
Una frase en particular volvería a convertirse en habitual para describir las acciones militares, en este caso del ejército finlandés, me refiero a la táctica de la Tierra Arrasada, que inspirada en la que los rusos hicieron contra Napoleón, ahora los finlandeses practicaban contra el ejército Rojo. Desde entonces, el término seria popularizado por los movimientos insurgentes a lo largo de todo el mundo, como una descripción de las acciones militares emprendidas por sus enemigos (las fuerzas regulares) en su contra.
Esta guerra fue la primera prueba de fuego para el enorme Ejército Rojo organizado por Trotsky, derrotado en una serie de encuentros con el nuevo ejército finlandés, su organización se resintió de las purgas de Stalin y de la vigilancia, que sobre sus oficiales ejercían los Comisarios Rojos, que hasta en el nivel de Pelotón debían dar su aprobación para las acciones tácticas, haciendo con ello que la iniciativa y la audacia fueran escasa entre estos oficiales.
Para mí ha sido interesante estudiar la táctica finlandesa de los Motti, una modalidad que envolvía un triple proceso: reconocimiento y bloqueo, seguidos de ataque y aislamiento y, por fin, aniquilamiento. Pero esta táctica pudo ser eficaz al ejército finlandés debido a la peculiar organización del mismo, donde "las victorias obtenidas fueron consecuencia de una acción de mando enérgica y audaz que supo emplear las fuerzas, las posibilidades del terreno y las circunstancias del momento del modo más apropiado para obtener el mayor provecho de la situación".
Hay una batalla que nos ayuda a entender las limitaciones del poder de fuego contra unos defensores motivados y dispuestos al mayor sacrificio. En el área de defensa en torno a la pequeña ciudad finlandesa de Summa, al este del Golfo de Finlandia, los rusos descargaron una aterradora barrera de artillería, en 24 horas los rusos dispararon 300,000 granadas de artillería de diversos calibres, y aún así, no lograron superar la defensa finlandesa. En los Conflictos de contrainsurgencia, como se demostró en Vietnam y El Salvador no es la excepción, el fuego de la artillería fue muy poco eficaz a la hora de negarle movilidad al enemigo o propinarle un desgaste decisivo en la mayoría de batallas libradas que justificaran el gran uso de esta arma.
Sin duda amigos, es un libro que con sus 10 capítulos y 160 páginas debemos leer para aprender de sus enseñanzas.
Un interesante libro que se aleja de todo lo publicado por los excombatientes del FMLN y que he leído. Alejado de los dogmas Marxistas, el autor hace un verdadero esfuerzo por traernos la historia de una de las zonas de combate olvidadas de nuestro conflicto, esa área al norte de San Salvador y colindante con el cerro de Guazapa, que la guerrilla de las FPL conoció como Sub-zona Piedra. Un esfuerzo que vale la pena y ejemplo al cual debemos sumarnos aquellos que documentamos dicha guerra. Claro que mucha información sobre la FAES es un tanto errónea y muchas de sus acciones "militares" convenientemente olvidadas.
Quizás el aporte más importante del autor, es su definición clara y concluyente de lo que eran los grupos de población civil, que al principio de la guerra, se movilizaban con sus columnas armadas y que ellos llamaban "Masas": Eran grupos poblacionales, base de apoyo del FMLN en las zonas bajo dominio político-militar, quienes podían asumir tareas de ayuda a la guerrilla así como aportar combatientes. Eran porciones del pueblo organizado con el nivel de compromiso insurgente.
Es primera vez que un ex -jefe rebelde admite públicamente la vinculación orgánica de las "Masas" a su organización y claro, esto lleva al debate sobre si eran o no blancos legítimos del uso de la fuerza por las tropas gubernamentales salvadoreñas. Es un interesante y muy importante debate que aún no se ha dado entre los académicos e investigadores del conflicto.
Lastimosamente también nos encontramos con los consabidos estribillos como el que los asesores militares estadounidenses dirigieron la guerra desde 1981 y que fueron ellos quienes concibieron las operaciones militares de "Tierra Arrasada", un concepto que no existe en los manuales de entrenamiento norteamericanos o salvadoreños; o aquella otra afirmación que la FAES intentaba matar a toda población simpatizante al FMLN o despoblar enteramente grandes zonas del país y reubicar a sus integrantes, según dice el autor, como una lección aprendida de la guerra de Vietnam por dichos asesores.
Este estribillo es arto repetitivo en la escritura referida a nuestra guerra y tiende a perpetuar una equivocación. En El Salvador, la evacuación de poblaciones y su asentamiento en enclaves protegidos por el ejército o las auto-defensas (Defensa Civil) no fue una táctica empleada como lo fuera en Guatemala y la Nicaragua Sandinista. Nunca se intento una táctica como esa o similar en las operaciones de pacificación, por el contrario la FAES animaba a la población a regresar a sus lugares de origen.
La desastrosa experiencia de los combatientes de las FPL de la Sub-zona Piedra, unos 500 mal armados y equipados, durante la fracasada Ofensiva Final del 10 de Enero de 1981, es una interesante descripción de lo mal preparados que estuvieron los rebeldes para acometer esta acción ofensiva y más importante aún, nos revela los grandes números de deserciones en estas unidades, una vez finalizada la ofensiva. Al decir del autor, solo les quedaron unos 30 combatientes, de los que 15 eran de la organización urbana.
Otro importante aporte del autor, en sus 4 grandes capítulos y 134 páginas, es la referente al detallado recuento del ataque a la pequeña población de Cinquera, en Mayo de 1983. Los diagramas que le acompañan ayudan a orientar al lector sobre la disposición de fuerzas, una soberbia y bien lograda descripción de los combates, poco común en obras de éste tipo escritas por sus antiguos compañeros de lucha. Lastimosamente al final, olvido agregar que de los miembros de la Defensa Civil capturados, 16 de ellos fueron ejecutados después de rendirse.
El otro hecho descrito por el autor, es el error común de atribuir a la FAS el ataque con armas Químicas a los campamentos rebeldes, específicamente el uso del Fósforo Blanco y el Napalm. Como ya lo he descrito en alguno de mis libros, al principio de la guerra y no más allá de finales de 1981, la FAS utilizó en contadas operaciones (3 o 4) el uso de Napalm pero debido a los destructivos efectos del arma, se decidió abandonar su uso.
Con el Fósforo Blanco es otra historia. cuando a principios de 1982 fueron entregados los aviones de reconocimiento Skymaster O-2, estas aeronaves tenían como función el señalar los blancos a ser bombardeados por los Caza-bombarderos A-37. Para señalar los blancos, estas aeronaves hacían uso de cohetes de humo basados en el fósforo blanco. De ahí que en muchas ocasiones, las quemaduras ocasionadas, cuando se alcanzaba a algún combatiente de la guerrilla, originaba su denuncia de estar siendo atacados por armas químicas, nada más alejado de la verdad.
Definitivamente es una obra que se debe leer y debe formar parte de nuestra extensa bibliografía de la guerra.
Una excelente obra que merece los elogios recibidos por la crítica. Es sin duda una radiografía desde adentro de los gobiernos norteamericanos y su forma de encarar la lucha contra el terrorismo, dejando al desnudo no solo sus aciertos sino, y lo más importante, la eterna puna entre los intereses particulares de los gobernantes y los de la nación, una eterna guerra que con más crudeza hemos vivido en Latinoamérica desde nuestra fundación como países libres. El autor devela el uso desmedido, por parte de los gobernantes, de los recursos del Estado para perseguir a sus opositores políticos, sobre todo a aquellos que tienen el valor de criticarlos.
En nuestros países esto es algo desde siempre, pero en EUA cuentan con instituciones más fuertes que han hecho la diferencia. Sin embargo, el libro es muy revelador de esta triste maquinación desde el poder, no solo hablamos de gobernantes, sino de aquel círculo intimo del que se rodean los Presidentes y a través del cual gobiernan. Las páginas de este libro recorren las entrañas de los gobiernos de Ronald Reagan hasta el de George Bush (hijo), desde la óptica de la lucha antiterrorista, que es la especialidad del autor.
El autor es un experto del antiterrorismo y sirvió en todos esos gobiernos, volviéndolo una de las personas con dicho conocimiento más respetadas. Seguir su lectura nos adentro entre las sombras y entretelones que dichos gobiernos usaron para encarar este nuevo desafío. Su primer capítulo esta referido a los momentos cruciales que antecedieron, se ejecutaron y postrimerás del ataque del 11 de Septiembre contra las torres gemelas, aquel 2001.
Luego sigue una relación que nos adentra en el entramada engorroso y lento de una de las burocracias más grandes y lentas de todos los tiempos de esa nación del Norte, el Gobierno Federal y sus políticas para encarar la nueva amenaza. En particular para mí, son las descripciones inventadas de la participación iraquí en dichos atentados y la manipulación de otras oficinas del gobierno, el Congreso y la Corte Suprema de Justicia para avalar una de las campañas de persecución, dentro y fuera de los EUA, de todos aquellos sospechosos de colaborar con el terrorismo.
Como bien lo demuestra su autor, las fronteras de lo ético y moralmente correcto se traspasaron, colocando al simple soldado como un objetivo de tortura y abusos que su mismo gobierno le dispenso a los sospechosos de terrorismo. Para aquellos que se lucraron del gobierno, que buscaron atacar objetivos sin ningún valor estratégico pero que decidieron usar cualquier método para perseguirlos, cárceles clandestinas, la tortura física o psicológica y tantas violaciones al derecho internacional, colocaron concientemente a sus soldados en la picota de estas practicas, pues perdieron la moral para reclamar de dichos tratos.
Cómo en América Latina, ahora el pueblo norteamericano lucha por defender sus derechos y libertades individuales frente a un Gobierno Federal que no escatima esfuerzos por violentarlos en aras de una lucha contra el terrorismo. Funcionarios Públicos con pésima preparación para encarar esta nueva forma de lucha, son dejados al descubierto por el autor, dándonos una inigualable valoración de su comportamiento, ceguera y estupidez.
Desde los atentados contra la embajada norteamericana en el Líbano, pasando por la casi guerra con Irán, África, los Balcanes y un largo ETC., vemos desfilar las políticas fallidas y exitosas del gobierno de esa gran nación, a veces la matonería de algunos de sus líderes y la arrogancia de otros. Para países como el nuestro, que están a casi un año de enfrentar otra contienda electoral por la Presidencia del país, éste libro debería ser de obligatoria lectura para sus ciudadanos.
Debemos aprender de los errores de los otros mientras aún se puedan evitar y de paso, asistir a la vertiginosa carrera de la historia en una de las luchas que ahora enfrenta la humanidad, la lucha del terrorismo no siempre será en lugares alejados de nuestras costas, ya la vivimos por 20 largos años (1972-192) y ahora vivimos otra, de cuño diferente pero igual o más letal que la anterior. Estudiemos la historia reciente de esta lucha y preparémonos mejor para el futuro incierto que nos espera.
Recomendable desde todo punto de vista e imperdible para entender nuestra actual lucha contra las Pandillas.