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jueves, 23 de mayo de 2013

50 AÑOS DE PARACAIDISMO




"El Cap. Luís Mariano Turcios es convocado a una urgente reunión en la sala de planes de la FAS, llega presuroso y se presenta con el Tcnel. Bustillo, Jefe de la FAS, colocando banderitas en el mapa de situación se encontraba el A-III de la FAS, al levantar su vista, el Cap. Turcios logró ver el sector de La Paz y San Vicente en el gran mapa colgado frente a ellos. Turcios, dijo 01 (Tcnel. Bustillo), se ha descubierto una aeronave en una pista en la Hacienda La Sabana, al sur del caserío Las Anonas, en la provincia de La Paz y debemos capturarlo si se puede o destruirla; Lobo (Cap. Turcios) respondió, tengo una sección de emergencia lista para cualquier contingencia, podemos lanzarla en paracaidas sobre la pista y que un caza nos apoye; tengo un Fouga Magister armado con bombas de 100 libras en la pista listo para despegar agregó el A-III, bien dijo el 01, yo les acompañaré en un Lama para coordinar las acciones, avisen al Estado Mayor General y que envien personal de infantería para apoyar la maniobra".
Así, en solo un par de horas, una sección de paracaidistas volaba abordo de un Arava hacia el este, adelantandose a la llegada de los paracaidistas, el Fouga efectuó un reconocimiento de la zona y lográ divisar a la aeronave pirata carreteando ya sobre la pista en un intento por regresar a su base en Costa Rica, el piloto enfiló su máquina y le arrojó una bomba de 100 libras, como no se detenia, le impacto el fuselaje con la segunda, grupos de subversivos salieron de entre los matorrales y auxiliaron a la tripulación para que escapara, sin embargo, en lo alto, ya se divisaba el Arava evolucionando sobre la pista, se haría una sola pasada en la que los 22 paracaidistas del 1er. Escuadrón saltarían al vacio desde los 600 pies y a su cita con la historia.
Eran las 6 de la mañana cuando las verdes cúpulas de los paracaidas se abrieron, en una impresionante coordinación cada paracaidista llegó a tierra sin heridos que lamentar e inmediatamente se dispusieron a buscar a los subversivos. En cuestión de minutos los fusiles G-3A4 con culatín retráctil escupieron fuego sobre las primeras posiones enemigas, estos intentaban evacuar al piloto del bimotor Piper Azteca destruido sobre la pista. Grupos de las FPL que custodiaban la zona atacaron a los paras y los encerraron en un círculo de fuego; Lobo llamó por radio y fue informado que unidades de infantería del CIIFA estaban convergiendo sobre su posición, excelente, ahora veremos como canta el gallo dijo para sus adentros.
Los paracaidistas se dividieron en pequeños equipos y peinaron la campiña en busca de los escurridizos izquierdistas; uno de sus equipos inspeccionaba un horno artesal en las afueras de un humilde rancho cuando alguien desde adentro grito, no me maten, era el piloto mercenario de origen costaricense Romero Talavera. Con él se capturaron además, 33 fusiles FAL que los subversivos no pudieron llevarse.



Era un domin go 25 de enero de 1981, cuando las nubes grises de la agresión roja se posaban sobre nuestra querida patria. Estos hombres de valor, que desafiaron el cielo para llevar la muerte hasta las hordas rojas cumplieron este pasado 7 de mayo, 50 años de paracaidismo en El Salvador; desde sus humildes origenes en Fort Benning en 1963, estos hombres han legado a la nación una de las más ilustres y combativa historia que alguna unidad de paracaidistas ha consumado en este continente a excepción de los estadounidenses con quienes nos une una añeja camaradería.
Estos soldados de los aires que estuvieron a punto de saltar sobre Tegucigalpa en julio de 1969, que llevaron los abastecimientos a las tropas de la Guardia Nacional del Gral. Medrano en el TON y tantas otras proezas, merecen mi más humilde respeto y con esta pequeña anecdota tomada de mi proximo libro sobre los paracaidistas salvadoreños, les honrro y saludo hermanos de la seda, gracias por compartir conmigo sus aventuras, sus noches de sombras, sus tiempos de alegría, el olor de polvora y el cansancio producido por la misión cumplida; feliz 50 aniversario hermanos de la seda, que Dios les bendiga siempre y recuerden, nosotros nunca morimos, solo vamos al cielo a reagruparnos.

domingo, 12 de mayo de 2013

SEMPER FIDELIS: El SECUESTRO DE LA GUARDIA NACIONAL DE NICARAGUA






La primer obra que leí sobre la Guardia Nacional de Nicaragua escrita por uno de sus oficiales, al fin, teniamos en nuestra mano las pinceladas de una historia sobre una de las instituciones castrenses en Centroamérica, tan desprestigiada que pocos estudiosos se atrevían a ahondar en sus orígenes y las razones de su extinción. Una historia ya no permeada por el odio salpicado de la ideología como nos tienen acostumbrados nuestros intelectuales de izquierda.
La obra de 144 páginas, esta escritas en un lenguaje sencillo y ameno, recurriendo el Cap. Justiniano Pérez a su memoria, como a documentos salvados del olvido para recrear, según su juicio, la historia de este cuerpo militar; anteriormente, solo la obra de Richard Millet estaba en este nivel académico, bien por el Cap. Justiniano. Sus 8 capítulos nos llevan por una tortuosa historia, llena de escandalos, traiciones, valor y cobardia, juntos en una amalgama de eventos que a la luz de la narración de este veterano de la Guardia Nacional nos permite adentrarnos en la institucionalidad castrense nicaraguense que hasta 1979, no existió realmente; nos encontramos aquí con la historia de un cuerpo castrense más parecido a la guardia Pretoriana de los emperadores romanos que a la de un ejército de un país.
El sexto capítulo de esta obra nos habla de los paracaidistas nicaraguenses de la GN, los Gansos Salvajes, unidad que tantas esperanzas despertó para remontar la desfavorable situación militar de 1978-79 por su indomable temple guerrera, sin embargo, el autor no menciona que fueron los salvadoreños quienes entrenaron a los paracaidistas del Myr. Somoza Portocarrero, el flamante Director de la EEBI (Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería), quién daría testimonio de su agradecimiento a la FAS (Fuerza Aérea Salvadoreña) por el excelente comportamiento de los instructores que supieron templar un nuevo espíritu de combate en esta nueva clase de soldados, que por desgracia, llegaba demasiado tarde a Nicaragua para salvarla.
Al fin podemos atisbar algo del planeamiento y conducción de las operaciones militares de la GN contra los militantes de izquierda del FSLN, ahora ya podemos iniciar un estudio más serio sobre estas operaciones, sobre todo de aquellas que fueron como un anticipo de la guerra aeromóvil que pronto se libraría en El Salvador.
Es difícil entender como un Dictador que depositaba en sus fuerzas militares su capacidad de sobrevivir políticamente en un país convulso socialmente, nunca le otorgó ni los medios, ni los hombres para enfrentar a su terrible enemigo en mejores condiciones. Somoza grito que fue traicionado por los EUA y los paises de la región pero creo que fue él quién traicionó a su ejército, condenandolo a la derrota y a que muchos de sus mejores oficiales pasaran 10 años en las carceles sandinistas.
No hay duda que es un libro que debemos leer con mucha atención, les animo mis amigos y como siempre, espero sus comentarios.