Este Blogg esta dedicado al intercambio sano y serio de las opiniones que como lectores tenemos sobre los imnumerables libros, que sobre nuestros conflictos en Centroamerica se han publicado, como un aporte a la objetividad que dichos autores deben tener, ilustrando de esta manera a nuestros nuevos lectores, investigadores, academicos y otros interesados en los hechos que sacudieron nuestra region por casi 50 años, en la ultima mitad del siglo XX.
Un libro de 258 páginas, dividido en 7 capítulos que nos presenta una Centroamérica de principios de los años 90s y el estado de control de sus fuerzas militares o policiales por el poder civil.
Una interesante obra que a principios de los años noventa intentaba diucidar los derroteros de las Fuerzas Armadas bajo el control civil que ya empezaba a dibujarse en la historia Latinoamericana. Leerlo nos coloca frente a hipótesis históricas que debemos examinar con detenimiento para daterminar si se cumplieron o no. Los autores de cada tesis (una por país) nos llevan al pasado para examinar nuestro presente, en un momento en que las viejas formas de control político vuelven a inundar nuestra geografía.
El capítulo hondureño nos demuestra que el poder político adquirido por un ejército, es difícil de abandonar voluntariamente, y cuando los políticos no tienen la fuerza ni el deseo, su control civil se vuelve casi un espejismo. Las recientes elecciones en Honduras ponen de manifiesto la gran influcencia que aun juegan los militares en este país. Cuando este se alínea con un poder esterno, es caasi imposible ponerlo bajo el control de los civiles, pues su importancia cobra nuevos bríos en un mundo cada vez más dominado por el poder bruto, sin controles internacionales.
el capítulo dedicado a Guatemala, recuerden, aun estamos a inicios de los años 90s, nos coloca frente a un nuevo proyecto militar que, en teoría, abandona la tesis de la Seguridad Nacional por otra llamada de estabilidad. Esta por verse si esta nueva tesis doctrinaria es en verdad un verdadero cambio en el paradigma que ha dibujado la actuación de los militares guatemaltecos desde los años 60s, o si la nueva btesis planteada, cumplió su meta de transformación. Juzque usted querido lector.
El capítulo costarricense es muy importante, pues aunque dicha nación no tiene un ejército formal desde 1949, sus fuerzas de seguridad han tenidom que asumir el rol de defensores de la nación. Esta relevancia nunca fue más crucial que durante la revolución sandinista contra Anastacio Somoza y luego contra el gobierno sandinista que le siguió. Los datos aportados por los investigadores sobre el desarrollo de esta fuerza pública, demusestran su casi militarización y paso a paso, nos señalan su inversión en doctrina, hombres y armamento. Claro que con el apoyo estadounidense.
Y por último, el dedicado a Panamá, en ese entonces aun embrionario luego de la destrucción de las Fuerzas de Defensa por el ejército estadounidense durante su invasión de 1989. Es decir, si el nuevo gobierno pañameño logró o no crear unas nuevas fuerzas de seguridad pública o seguimos aun buscando el control civil de nuestros militares o policías. Aquí solo queda el análisis histórico, pues han pasado ya casi 36 años de aquel debacle y solo queda la radiografía del paciente objeto de estudio.
Sin duda un buen libro para entender nuestros orígenes y aprender de nuestra historia.
No hay duda que Viet Cong es un libro que nos ayuda a entender la organización y tipo de lucha que las guerrillas de Vietnam del Sur llevaron a cabo entre 1960 y 1964, ynos ayuda a contestar el por qué de sus acciones militares y la razón de que estas tuvieran siempre un fin político. La organización del partido comunista, el FNL (Frente Nacional de Liberación), a diferencia del FMLN salvadoreño, era una organización dominada por los comunistas y liderada desde Hanoi. Los salvadoreños en cambio nunca pudieron fusionar sus cinco grupos fundadores en uno solo, por eso, el estudio de esta obra es más significativo para entender a las FPL Fuerzas de Liberación Popular) del FMLN, pues fueron quienes más se acercaron a este modelo. El autor nos describe en 490 páginas, divididaes en 20 capítulos la organización del FNL, sus formas de lucha y la importancia de la formación de sus cuadros, a quienes dan mayor importancia que a sus militantes ordinarios.
Las tres fases conocidas de la guerra de guerrilla, segun los postulados de Mao y descritas con mucha precisión por el autor en esta obra son:
"En la primera etapa, los
revolucionarios estan a la defensiva y el enemigo a la ofensiva. Las
guerrillas atacan, huyen y se esconden, principalmente. Su principal
objetivo es la supervivencia. El Viet Minh priorizó el trabajo organizativo y la actividad
clandestina. Los líderes formaban un núcleo en una zona segura; este núcleo
entrenaba a los reclutas, quienes formaban pequeños grupos, generalmente de
tres a cinco hombres (nunca más de 50), en unidades operativas. Posteriormente,
aún en esta etapa, se formaban unidades más grandes de forma coordinada y se
conquistaban bases de retaguardia, llamadas "zonas liberadas". Giap,
al igual que Mao, predicaba que las guerrillas debían mantener sus fuerzas
intactas y evitar las grandes batallas. La táctica básica es la emboscada, ya
que permite a las guerrillas elegir el momento y el lugar, y el enemigo a veces
les proporciona armas y un buen entrenamiento.
Un esfuerzo organizativo masivo marca la
primera etapa. Se reclutan aliados, se forman organizaciones y se forjan
alianzas, generalmente bajo la bandera de un partido político de frente unido.
Un intenso adoctrinamiento político también marca esta primera etapa. La
población, relativamente neutral, es persuadida lentamente, mediante una
combinación de terrorismo selectivo, intimidación, persuasión y agitación
masiva, de que el futuro está en manos de los rebeldes y no del régimen
establecido. Esto se logra mediante la organización, con la población formando
un complejo de grupos sociales, ya sean movimientos de masas creados
específicamente o movimientos legítimos ya existentes en el país. El liderazgo
nunca es más importante que durante la primera etapa, y emana del partido
comunista local (el partido cuenta con dos aparatos, uno abierto y otro
oculto).
En la segunda etapa, el sistema se
encuentra en mayor o menor equilibrio, y los vietnamitas la denominaron el
período de guerra móvil. La estrategia cambia, pasando de basarse
principalmente en la necesidad de conservar fuerzas a centrarse en el enemigo,
desangrarlo y debilitarlo. A medida que las tropas enemigas se vuelven más
defensivas y estáticas, las guerrillas se orientan más a la ofensiva y se
vuelven más dinámicas. Las fuerzas guerrilleras se vuelven más numerosas y
menos primitivas. La guerra de guerrillas territorial o regional es de suma
importancia, pero se utiliza cada vez más el ejército de liberación
estructurado en forma de regimientos o divisiones. La guerra móvil domina el
escenario. La guerra móvil, un término medio entre la guerra de guerrillas y la
guerra convencional, consiste tácticamente en una serie de ataques de bandas
guerrilleras ampliamente dispersas contra objetivos como puestos de avanzada,
convoyes y patrullas militares; estratégicamente, consiste en una serie de
campañas cuidadosamente sincronizadas e integradas. La movilidad no se logra
mediante el movimiento físico, sino mediante ataques oportunos contra un
enemigo ocupado en otro lugar.
El objetivo militar es
romper la influencia del gobierno sobre la población, mientras que el objetivo
político es romper los vínculos psicológicos. Gran parte del esfuerzo también
se dirige a aumentar la eficiencia de la estructura organizativa formada en la
primera etapa. La transición de la primera a la segunda etapa es imprecisa y
puede ser reversible.
La tercera etapa, el principio del fin,
es referida por los vietnamitas como la etapa de asalto frontal, la etapa de
contraofensiva o, más comúnmente, la etapa de guerra convencional. En este
punto, el combate pierde gran parte de su carácter ideológico y se convierte
menos en una guerra de puntos de contención que en una cuestión de pura fuerza
militar. Este período marca la regularización de la organización sociopolítica
y un mayor control sobre la población en las zonas liberadas. Para Giap, la
tercera etapa fue un verdadero conflicto militar, pero aún una forma de guerra
civil en la que los valores políticos siguieron siendo importantes, a pesar de
que el ejército dominó claramente los acontecimientos".
Como podemos apreciar, esta receta comunista tambien se intentó implementar en El Salvador entre 1972 y 1992, claro que con sus matices diferentes. Aunque el estudio se centra en la experiencia de Vietnam, es claro que nos ayuda a entender a las organizaciones rebeldes salvadoreñas, su estrategia y tácticas de guerra. Sin duda un aprendizaje si queremos conocer a quienes fueron nuestros adversarios hace ya más de 50 años.
Un impresionante libro que despeja muchas de las dudas que rodean el desempeño de los soldados norvietnamitas y guerrilleros del Viet Cong desde 1945 hasta 1975, 30 años de una guerra larga y penosa que enfrentó a los vietnamitas con las tropas de ocupación japonesa, luego a las francesas y por último al ejército estadounidense, todas las cuales vencieron a un enorme costo. en 332 páginas, divididas en 12 capítulos, los autores profundizan en un tema desconocido para los historiadores occidentales. Por ser las fuerzas guerrilleras del Viet Cong, quines inspiraron a las tropas guerrilleras de las FPL, miembros del FMLN duarante la guerra interna salvadoreñas, sobre decir la importancia para nuestros historiadores la lectura de esta importante obra.
Durante la guerra, la Corporación RAND (Research and Development) (en español Investigación y Desarrollo) grabó más
de 2600 entrevistas con prisioneros de guerra y desertores del VC/NVA, creando una de las más completas fuentes de estudio sobre estos soldados de pijams negras. Se imaginan que el gobierno salvadoreño diera acceso a los interrogatorios hechos a los combatientes del FMLN a lo largo de 20 años de guerra, sería el paraíso de los historiadores militares, conoceriamos por fin, los sentimientos, las historias de vida, el entrenamiento y acciones de combates de una de las fuerzas guerrilleras más mortíferas del continente americano de fines de los años ochentas. como expresan los autores "... en última instancia, nadie comprende realmente a
los soldados, sean amigos o enemigos, tan bien como otros soldados".
Entender a los combatientes del otrora enemigo, es una imperiosa necesidad, si se quiere abordar con rigor la lucha que estos presentaron al ejército regular salvadoreño, y por qué, como he dicho e algunos de mis libros, estuvieron a punto de derrotarnos en 1983, como también entenderiamos por qué fueron derrotados en ese momento. Siempre estuvimos subestimando el grado de eficiencia y entrenamiento de las fuerzas guerrilleras y sobredimensionando nuestras propias capacidades, al hacerlo, el enemigo lograba sorprendernos.
Fueron cosotosos aprendizajes que una vez superados nos permitieron acorralar al FMLN y casi derrotarlo para finales de 1991. El presente libro es una radiografía, que mientras más leía, más identificaba el origen de la estrategia y táctica que el FMLN aplicó en la guerra salvadoreña. Desde sus formas de reclutamiento, construcción de campamentos, tipo de entrenamiento y empleo de la fuerza militar, esta claro que la guerra de guerrillas en Vietnam, fue la escuela de los insurgentes salvadoreños, aunque claro, con sus matices y diferencias.
Leer el capítulo dedicado a las capacidades de combate del Viet Cong, su moral y grado de eficiencia, me demostro que las tres etapas de la guerra insurgente: Guerrilla, ataques a objetivos de fuerza media del gobierno y creación de unidades cuasi-militares para disputar en combate abierto con lasunidades enemigas más fuertes, fueron sin duda las mismas que intentaron replicar los insurgentes salvadoreños.
No hay duda que es un libro que debemos leer para aprender de nuestros otroras enemigos, para obtener los conocimientos necesarios para las nuevas generaciones de oficiales de la FAES.
Todos
hemos oído hablar de las hazañas de una de las fuerzas militares más
extraordinarias del siglo XX, el Ejército Popular de Vietnam (EPVN), un
ejército nacido en las entrañas de un pueblo combativo, que defendió su
libertad contra tres de las potencias imperiales de finales del siglo XX,
Francia, Estados Unidos de América y China. El EPVN surgió en 1930, en una
cueva, en una montaña cerca de la frontera con China, con Vo Nguyen Giap y
otras treinta y tres personas. Publicada en 1986, la obra es considerada un
referente crucial para quienes estudian el desarrollo de este ejército, desde
sus humildes nacimientos en 1930 hasta 2025, en el que una fuerza militar se ha
forjado enteramente en el crisol de la lucha por su supervivencia.
La obra esta dividida en 14 capítulos
que abarcan 384 páginas, siendo para mí, tres son los capítulos de mayor
importancia para el análisis de los aparatos insurgentes salvadoreños en su
larga guerra de 20 años (1972-1992) de bido a la conexión organizativa, táctica
y de estrategia entre ambos aparatos insurgentes: el Capítulo 4 La estructura
del alto mando (dónde se analiza la saga de los zapadores vietnamitas), el
capítulo 6 El Partido dentro del PAVN, y el Capítulo 7 El comisario político
(una institución que fue adoptada por las fuerzas guerrilleras salvadoreñas).
Aunque de los insurgentes
salvadoreños que conformaron el histórico FMLN, solo las Fuerzas Populares de
Liberación (FPL) llegaron a adoptar las enseñanzas vietnamitas por completo,
los otros cuatro grupos, incluyendo al Partido Comunista Salvadoreño (PCS) de
clara orientación soviética, adoptaron en menor o mayor medida sus enseñanzas.
Esto es válido especialmente en cuanto al entrenamiento y empleo de sus fuerzas
de zapadores, que en occidente conocemos como Fuerzas Especiales.
Debemos recordar que la guerra
de guerrillas salvadoreña representó algo nuevo en el panorama nacional de la
historia del pequeño país centroamericano, un concepto diferente de guerra, que
implicó la adaptación de un nuevo enfoque de la guerra para el que el ejército
salvadoreño no estaba preparado en sus inicios. La nueva forma de lucha fue
consecuencia de la transferencia de la experiencia estadounidense en su guerra
en Vietnam, y por esa razón, dicha experiencia es de vital importancia para el
análisis de la guerra salvadoreña.
Hasta la organización de las
unidades militares del FMLN se inspiró en la del ejército vietnamita de los
primeros años. La organización de esta fuerza militar emplearía lo que se
denominó el sistema "tres por tres". es decir, la unidad más baja era
la Escuadra (de cinco a nueve personas), tres de las cuales formaban un
Pelotón, tres pelotones una Compañía, tres compañías eventualmente compondrían
un Batallón y así sucesivamente. Con las FPL, hasta sus unidades de vanguardia (UV)
eran pura inspiración vietnamita. Pues este nombre se tomó de la primera
división de infantería completa del NVA (North Vietnamice Army), llamada
División de Vanguardia, formada oficialmente en agosto de 1949. Las famosas UV
de las FPL.
En el capítulo 4, encontramos la
historia de las míticas fuerzas de zapadores vietnamitas. El famoso Comando de
Zapadores (Su Doan Dac Cong) de la época de la Guerra de Vietnam, y
anteriormente el Brazo de Combate de Zapadores de la Guerra del Viet Minh
(contra los franceses). El Dac Cong (frecuentemente traducido por Hanói como
"Fuerza de Ataque Especial" o "tropas de zapadores") es la
fuerza predilecta entonces y ahora del ejército vietnamita. Están rodeados de
un aura especial que el Alto Mando vietnamita siempre ha buscado realzar.
El término "zapador" en sentido
estricto significa un ingeniero militar experto en el uso de explosivos de
demolición en la guerra; Sin embargo, tal como se usa en el ejército vietnamita,
se acerca más a la idea de un comando o a los Boinas Verdes de EE. UU., aunque
los vietnamitas también cuentan con el zapador ortodoxo, cuyo deber es destruir
los bloqueos enemigos y otras fortificaciones que impiden el avance. Los
zapadores "comando" que operaron en Vietnam del Sur durante la guerra
eran de tres tipos básicos: de campo (o rurales), urbanos (para operaciones en
áreas urbanas) y acuáticos (para atacar objetivos en ríos y canales).
En el capítulo 6 y 7 nos encontramos con la
experiencia vietnamita sobre la relación del Partido con el ejército. Cómo lo
afirman sus teóricos militares y oficiales políticos: la historia del
Ejército Popular de Vietnam es la historia de la lucha armada del partido de
vanguardia de la clase obrera vietnamita. El Partido, aplicando correcta y hábilmente
la línea militar de la teoría marxista-leninista, ha liderado al pueblo en su
lucha por la independencia. La fuente de la fuerza de nuestro Ejército es, ante
todo, el liderazgo del Partido. Sin el liderazgo del Partido, nuestro Ejército
no habría logrado nada. De ahí que su principal figura fue la del Comisario
Político u Oficial Político.
Aunque esta afirmación no exime de las
dificultades que una organización dual de tal tipo significa en el desarrollo
de una fuerza militar. Lo que los comunistas llaman el faccionalismo, la
maldición de todos los sistemas sínicos, también acosó constantemente a la
dirección del ejército vietnamita como en su momento lo hizo con el FMLN
salvadoreño que lo replicó. Un estudioso del ejército vietnamita lo explicó
así:
Se dice que Lenin tenía un
miedo mortal de que la Revolución Rusa, como antes la Revolución Francesa,
fuera capturada por su propio ejército y el poder bolchevique en Rusia se
perdiera en manos de algún Napoleón Rojo. Esta aprensión se comunicó a los
primeros líderes bolcheviques con el lema: El Partido Controla el Arma. El
miedo se volvió patológico en la década de 1930, cuando Stalin ejecutó a
prácticamente todo el cuerpo de oficiales superiores del Ejército Rojo.[1]
Esto generó, inevitablemente, el desarrollo y persistencia de diversas
luchas internas entre facciones, conflictos políticos y competencia interna por
el liderazgo. Una situación que a menudo enfrentaba al comandante militar con
el comisario político de la unidad.
Por último, debemos
agregar que este sistema de control partidario del ejército se consolida con la
práctica de las famosas reuniones de autocrítica, técnica de control del
Partido, y que no tiene equivalente en los ejércitos no comunistas. Los
estatutos del partido exigen «crítica y autocrítica desde abajo para exponer y
eliminar las deficiencias en el trabajo y para poner de manifiesto una
apariencia de bienestar complaciente, incluye críticas tanto negativas
como constructivas del individuo sobre sí mismo, sus compañeros y sus
superiores. Como tal, es un medio eficaz para asegurar la centralidad del
Partido.
A León Trotsky se le atribuye la invención de la
idea del comisario político, el polituky, para vigilar a los exoficiales
zaristas que estaban siendo utilizados para formar el Ejército Rojo. Stalin
asignó al polituky el trabajo de adoctrinamiento de tropas y los favoreció
tanto que durante un tiempo adquirieron suficiente poder en el Ejército Rojo
como para controlar la elección de tácticas y estrategias. Este sistema de
control partidario en los ejércitos comunistas también fue replicado por el
FMLN salvadoreño, y cada una de sus 5 organizaciones, lo implementó en diversos
grados.
No hay duda que esta obra es importante, no solo
para conocer el desarrollo de una de las fuerzas militares más emblemáticas del
siglo XX, sino crucial para entender el desarrollo de la lucha popular
prolongada adoptada por el FMLN en nuestro conflicto, un libro que todo
estudioso de la insurgencia Latinoamericana debe leer.
[1]PAVN-People´s Army of Vietnam,
Douglas Pike (Novato, California, Editorial Presidio Press, 1986) Página 146.
Este artículo es sumamente
interesante, pues hace público uno de los análisis más completos (aunque algo erróneo)
sobre la contrainsurgencia en El Salvador y Guatemala que he leído hasta ahora,
su autor, un reputado oficial de los Boinas Verdes estadounidenses lo hizo en
1989 y hasta el día de hoy sigue siendo estudiado y citado por muchos
historiadores y académicos, no concuerdo con algunas de sus conclusiones por
las siguientes razones.
El autor hace una comparación
sobre el Manual Individual del Soldado en los ejércitos de El Salvador y
Guatemala:
“En el Manual Individual del
Soldado del Ejército de Guatemala, las primeras diecisiete páginas se dedican a
la apariencia personal, la cortesía y las relaciones respetuosas con la
población. El manual está escrito en formato de cómic, con excelentes
ilustraciones que dan vida a los principios de la conducta militar apropiada.
El ejército salvadoreño, si bien no se opone a estos principios, no enfatiza ni
supervisa su implementación. El Manual del Soldado Salvadoreño es una
adaptación del modelo estadounidense que se centra mucho más en las tareas
técnicas del soldado. Los soldados estadounidenses se entrenan para misiones
convencionales prácticamente aislados de la población civil, y se presta poca
atención a las relaciones cívico-militares para el soldado individual”.
La
diferencia doctrinaria (los manuales en uso) no deviene de la diferencia de
empleo de sus fundamentos tácticos por las tropas, sino que dicha doctrina esta
condicionada por la naturaleza de la amenaza, mientras en Guatemala la
guerrilla fue incapaz de disputar el poder al ejército, en El Salvador el
aparato militar insurgente casi vence al ejército salvadoreño hacia 1983.
Entonces, los militares guatemaltecos tenían la urgencia de evitar el apoyo de
la población a las guerrillas, esta era su principal misión, de ahí que las
operaciones psicológicas y de acción cívica fueran más urgentes de aplicar. En
El Salvador por otro lado, el ejército debió enfrentar un aparato militar
cuasi-militar de las guerrillas, las que formaron unidades de nivel Brigada y
Batallón. Por ende, la misión principal de los salvadoreños era combatir estas
formaciones, ello privilegiaba el entrenamiento de combate.
Otra
afirmación del autor nos confronta con la doctrina de la conducta militar de
los oficiales sobre sus tropas, una afirmación que aún no encuentro su asidero
real:
“Las diferencias en la conducta
militar también reflejan las variaciones en el concepto y la tradición de
liderazgo en ambos países. En el ejército salvadoreño, el liderazgo se
manifiesta a menudo demostrando autoridad sobre los subordinados, con escaso
énfasis en las medidas correctivas. Los guatemaltecos tienen un concepto de
liderazgo más avanzado, claramente diferenciado por el término que utilizan para
describir su estilo de liderazgo: «cariño». «Cariño» es una palabra española
que significa afecto, normalmente asociada al cariño que una madre muestra a su
hijo. Sin embargo, como bien sabe cualquier buen padre, el amor debe ir
acompañado de una disciplina firme, autoritaria pero justa. El ejército
guatemalteco se enorgullece del cuidado que brinda a sus soldados, pero tampoco
escatima esfuerzos para mantener una disciplina estricta. Esta forma de
liderazgo, que combina el cuidado y la disciplina firme, es clave para
construir instituciones militares eficaces”.
Esta
es una afirmación muy debatible y cuestionada, mi experiencia como oficial del
ejército salvadoreño contradice esta afirmación. Como en Vietnam antes, los
estadounidenses cuidaron de enseñar a sus alumnos salvadoreños la importancia
de cuidar del bienestar del soldado, involucrando al oficial en su cuidado
personal, sanitario y de formación profesional (selección para cursos). La
corrección de conductas negligentes o de apatía era parte de la formación
salvadoreña desde mucho antes de la llegada de los estadounidenses, comenzó con
la adopción de la doctrina Prusiana a finales del siglo XIX y principios del
siglo XX, me atrevería a decir, que era mucho más exigente que la implementada
por los guatemaltecos.
El
autor comprende con claridad las diferencias en los planes contrainsurgentes de
ambos ejércitos, pero define su eficacia a partir de preceptos de empleo
erróneos:
“Las fuerzas armadas
guatemaltecas han tomado decisiones difíciles al diseñar una estrategia y
destinar recursos, tanto de personal como de equipo, a los componentes blandos
de una estrategia de contrainsurgencia. La acción cívica, la defensa civil y
las operaciones psicológicas son los principales instrumentos de su estrategia.
Las operaciones de combate de pequeñas unidades y la recopilación de
inteligencia han apoyado el plan general. Las fuerzas armadas guatemaltecas han
demostrado continuamente comprender la naturaleza política de la guerra de
contrainsurgencia”.
Otra
vez, esta afirmación no toma en cuenta que la amenaza insurgente salvadoreña
entre 1981 y 1985 se combatió entre las unidades sumamente móviles de las
guerrillas a nivel Brigada y batallón que a su vez demandó una continua
operatividad del ejército a nivel táctico y operativo, a diferencia de los
guatemaltecos que, con las escasas fuerzas rebeldes, volvieron su atención a
los aspectos de prevención (o llamado también ganarse los corazones y mentes de
la población). De nuevo, las diferencias no son de estrategias, sino de
respuesta a la mayor amenaza para los gobiernos. Por esa razón, los equipos de
asistencia militar estadounidenses en El Salvador, entre 1981 y 1986 se
destinaron a suplir prioritariamente necesidades de combate.
La
estrategia salvadoreña se basó en una potencia de fuego abrumadora y la
maniobra de las unidades de combate con fuerte respaldo de la aviación de
combate y del fuego de la artillería. Por su parte los guatemaltecos se
centraron en los aspectos blandos de las operaciones de contrainsurgencia (La
acción cívica, la defensa civil y las operaciones psicológicas), pues la
amenaza de la guerrilla era mínima.
Los
aspectos de inteligencia también son criticados por el autor:
“La rotación constante de estas
unidades, prácticamente sin solapamiento, impide el establecimiento de vínculos
estrechos con la población local y un conocimiento preciso de la situación del
enemigo en la región. Las redes formales de inteligencia son prácticamente
inexistentes, y las informales, establecidas por los sucesivos comandantes, no
se transfieren formalmente al comandante entrante. Con frecuencia, el nuevo
comandante comienza de cero en el establecimiento de sus propias redes”.
Es claro que los batallones
de infantería desplegados en las brigadas y destacamentos militares por los
salvadoreños, tenían recursos limitados para ejecutar operaciones de
inteligencia (como establecer redes clandestinas de espionaje, etc.),
operaciones psicológicas y de Acción Cívica, pero estas funciones y misiones
eran suplidas o complementadas con los recursos de los estados mayores de
Brigada y Destacamentos. Hasta 1986, la movilidad en tierra y sobre todo en el
aire fue lo que determinó la derrota de las grandes unidades de la guerrilla y
su vuelta a la fase de pequeño grupos o células a partir de 1986. Este hecho
refrendó lo acertado de la táctica y estrategia salvadoreña. Mientras que los
guatemaltecos nunca se enfrentaron a este tipo de desafío, su Plan de
contrainsurgencia se vio plagado de acusaciones de abuso a la población
indígena.
El autor también establece
las diferencias en la formación y utilización de las Defensas Civiles en sus
respectivos planes de campaña. Si es cierto que el sistema guatemalteco fue
mucho más exitoso que el salvadoreño, ello por su implementación masiva (de
aspecto obligatorio), mientras que los salvadoreños lo establecieron de forma
voluntaria. En lo que se equivoca el autor es al afirmar que la Defensa Civil
salvadoreña fue desmovilizada en 1979 (claramente confunde a la DC con la
otrora ORDEN-Organización Democrática Nacionalista), lo que si es cierto es que
hasta 1981, se crearon lo que se conocería como Defensa Civil (armada), lo que
existió anteriormente fueron las llamadas patrullas cantonales (desarmadas y
que prestaban servicios de orden público y de forma rotativa). La Defensa Civil
salvadoreña se integró en las operaciones COIN del ejército, principalmente
como exploradores y agentes de información, como también lo hicieron los
guatemaltecos. En 1983, los estadounidenses ayudaron a formar una escuela para
la Defensa Civil que ayudó a profesionalizar más a este cuerpo paramilitar.
Por último, me referiré a la
afirmación del autor de que los salvadoreños nunca movilizaron sus reservas
durante la guerra, a diferencia de Guatemala que lo hice una vez en 1983. Pues
bien, lo cierto es que El Salvador movilizó sus reservas a principios de 1982,
en preparación para la campaña insurgente para boicotear las elecciones de la
Constituyente de ese año y durante diciembre de 1989 se movilizaron las reservas
por seis meses para completar los efectivos militares diezmados tras la
ofensiva hasta El Tope de la insurgencia en noviembre de ese año.
En conclusión, la diferencia
entre las estrategias de contrainsurgencia entre ambos ejércitos deviene más
del tipo de amenaza enfrentada que a una diferencia de conceptos aplicados. En
verdad es un artículo que todo estudioso de la contrainsurgencia debe leer.
Este libro es el testimonio de un médico internacionalista cubano que fue asignado al contingente que los hermanos castro enviaron a Guinea Bissau para apoyar la lucha insurgente en este país africano. En 189 páginas, dividido en 8 capítulos, el auotr nos describe las etapas de su misión internacionalista, desde su preparación militar hasta el desarrollo de las tareas cumplidas en Guinea Bissau entre 1966 y 1968. A tan solo 6 años del trinfo de la revolución cubana, las misiones internacionalistas en África se desarrollaron como una forma de construir el socialismo proletario ahí, dónde fuera posible, y fue esta política de los castro, la que hizo de Cuba un actor internacional en la Guerra Fría que libraban las dos grandes potencias del planeta, los EUA y la URSS.
El 16 de abril de 1961, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la revolución cubana condenando a su pueblo a 65 años (1959-2025) de la dictadura Marxista-Leninista más longeva de América. La misión a Guinea Bissau estuvo integrada por 31 combatientes (11 artilleros, 11 choferes y 9 médicos), los que cumpliriam cerca de 2 años antes de ser relevados. Este contingente fue recibido por las guerrillas del Partido Africano Para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGC) y ubicado en los campamentos del Norte del país.
Hay dos capítulos muy interesantes, para mí, son los que describen la preparación del contingente cubano en una base secreta, dónde recibieron la preparación táctica, física y psicológica pertinente, lo que les ayudaría a enfrentar los retos de la lucha en las selvas africanas. Importante por que esta estrategía sería la que se construiría para apoyar a todos las insurgencias del mundo que aceptaron el apoyo cubano, especialmente los grupos guerrilleros Latinoaméricanos. Y los salvadoreños no fueron la excepción. La minuciosidad de la preparación, el conocimiento de la actividad de los ejércitos enemigos y la más rigurosa clandestinidad, fueron la norma aprendida a partir de estos primeros momentos.
El otro capítulo se refiere a la táctica de las guerrillas del PAIGC utilizadas contra el ejército colonialista portugués. El uso de sus pequeñas bases militares distrubuidas a lo largo del país como objetivos del entrenamiento de sus recién entrenadas fuerzas. Algo similar a lo que hicieron las fuerzas de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) con las pequeñas guarniciones de la FAES en Chalatenango y San Vicente a principios de los ochentas.
Un libro que debemos leer si queremos entender la ideología que sostenía las luchas insurgentes en nuestro continente y lo decisivo del apoyo cubano a estas luchas. Claro, la escritura de estos ejemplos no esta excenta del consabida verborrea alabando a los hermanos Castro y la revolución cubana, la que aun hoy martiriza al pueblo cubano.
Esta es una obra de obligada lectura para los estudiosos de nuestro conflicto, de fácil lectura y con reflexiones puntuales sobre eventos en los que el auotr ha sido partícipe, nos provee de un marco de referencia para entender el desarrollo de la guerra y sobre todo, la curva de aprendisaje por la que tuvo que pasar el ejército salvadoreño antes de dominar las técnicas y estrategias de la lucha contrainsurgente.
Un esfuerzo desprovisto del lenguaje grandielocuente con el que a veces, los escritores nos marean. Son 284 páginas divididas en 40 anecdotas, cada una de las cuales dejan una enseñanza, que a juicio del autor, son importantes de reseñar. La lectura comienza con una pequeña explicación sobre la temática que abarca el libro y la misma inicia en 1979 (aunque el autor especifica que la campaña militar inicia en 1979, oficialmente la misma solo reconoce el periodo de 1980 a 1992).
Las anécdotas no solo versan sobre aspectos tácticos o técnicos, tambien nos introducen al aspecto político-militar, los sinsabores de la desconfianza y la propia persecución de la que se podía ser objeto en las filas de la Fuerza Armada. Por ello, su lectura se vuelve tan interesante, y al ser descrita con mucho lirismo, es fácil de seguir. Los aspectos de inteligencia, mando y control, interrogatorios y otros de capital importancia son expuestos con sinceridad y ojo crítico, como una manera de aportar enseñanzas al liderazgo militar y comprensión en el político.
Me interesaron mucho las líneas dedicadas al servicio de inteligencia (S-II) de la 3ra. Brigada de Infantería, en San Miguel, las operaciones de los Comandos de Gotera y los inicios de la 4ta. Brigada de Infantería, en El Paraíso, Chalatenango.
Lastimosamente la obra no tiene ningún recurso fotográfico, salvo el de sus portadas, por lo que a veces se antoja algo monotona su lectura. Definitivamente es un libro para leer y compartir sus enseñanzas con nuestros nuevos líderes militares.
Un libro único por la cantidad de material fotográfico que retrata la cacería del Ché Guevara en Bolivia a finales de 1967, hasta su ejecución el 9 de octubre del mismo año. La autora, una salvadoreña es viuda del cuabano americano que, como parte de un equipo de la CIA, fue enviado a apoyar al gobierno boliviano en su cacería del Ché. El esposo de la autora era jefe del equipo de inteligencia que dió este apoyo, por eso, este libro esta enriquecido con fotografías históricas, la mayoría inéditas (hasta la publicación de este libro en 1996). En 468 páginas, divididas en 15 capítulos, la utora nos sumerge en un lado muy poco desconocido de la caza al Ché Guevara.
Todos hemos oido hablar de los Boinas Verdes y su papel al entrenar y equipar a la fuerza Ranger boliviana, quienes fueron el elemento militar de esta cacería, pero poco sabiamos del equipo de inteligencia que apoyó los servicios de inteligencia bolivianos y que contribuyó a desbaratar el aparato urbano que apoyaba al Ché, y destruir otros grupos urbanos en el Cono Sur, al compartir información capturada al Ché con otros servicios de inteligencia.
No hay duda que si queremos tener un panorama más completo de esta abatalla librada en Bolivia en 1967, debemos leer este libro. El capítulo VII es de suma importancia, pues es el dedicado a relatar los pasos de Julio Gabriel García, esposo de la autora y encargado del apoyo en inteligencia al gobierno boliviano. Mucha de los documentos pertinenetes se muestran en fotografías y pueden cotejarse con sus fuentes originales si se quiere.
El capítulo X nos dá un vistazo a la posterior vida de este agente de la CIA, ya en el retiro y lastimosamente en el abandono. Esta es una situación, que para mala fortuna, es casi una constante en la vida de estos agentes. Olvidados y desterrados, enfermos y con poco o nula ayuda económica, enfrentan el olvida de las agencias gubernamentales para los que trabajaron, es como si al final, estas agencia prefieren su muerte y con ello el olvido de la historia que vivieron al servicio de una de las agencias de inteligencia más importantes del mundo, y quizas, una infame de la que apenas estamos escudriñando su historia.
El fin del Dr. García, en cuanto a su paso por la historia, es otro tanto que comparten los miembros del ejército, algunos como el Myr. Pappy Shelton, un Boina Verde, casi desconocidos del papel que jugaron en la cacería del Ché. Y así, muchos otros ejemplos en la historia de las operaciones especiales.
En estas vacaciones disfrute la lectura de este libro, y espero que nuestros historiadores e investigadores no lo pasen por alto.
Un libro del que no esperaba mucho, sin embargo sus páginas develaron una conexión permanente con la historia de nuestra américa, una repetición constante de los intentos políticos de perpetuarse en el poder y justificarse ante el mundo, gritando a los cuatro vientos su aclamación popular cuando los alcances de la ley no pudieron seguir estirandose más. La dictadura de Martínez abrió paso a los gobiernos autoritarios de nuestro país, pero también, respondio a las corrientes políticas de su época, Franco en España, Mussolini en Italia y Hitler en Alemania marcaron el ascenso de los gobiernos fascistas y nacionalistas. Todos ellos recurrieron a la formula de la aclamación popular para justificar su asalto al poder sin las armas, y una vez hechos con sus gobiernos, dinamitaron la democracia desde adentro.
El autor de la presente obra, recorre ese camino histórico para presentarnos el ascenso de la dictadura salvadoreña, su punto algido y al mismo tiempo su cenit. Una escalofriante senda recorrida a partir del derecho constitucionalista y su permanente búsqueda (por parte de la dictadura) de una justificante para superarla. Al leerla, nos aparece con total claridad los caminos que diversos regímenes a lo largo de nuestra américa, tomaron, pra ce un guión histórico continuamente repetitivo, con sus salvedades locales, pero diafanamente predictivo. Es como ir al teatro y saber cual es el final de la obra, pero quedar atrapado en su trama.
En sus 230 páginas, divididas en diez capítulos, el autor nos lleva por esa senda ascendente de la dictadura, el contexto que la alimente o detiene, el papel de las élites en su ascenso y permanencia y la lucha, al principio imperceptible pero luego como huracán que derriba hasta la dictadura más encumbrada. Aunque falta de la narrativa policial o periodistica, el formato en que se nos presenta el libro es un tanto insípida, sin los bemoles de la trama de suspenso. Atrapada en el derecho constitucional, a veces se nos presenta como repetitiva y cansada de seguir, un tanto desabrida dirían otros.
Su recuento de las dinámicas en la Asamblea Legislativa estan faltas de mayor detalle pero recogen el meollo del asunto, la búsqueda de la validez en el derecho, de la continuación de los dictadores, como únicos seres capaces de conducir los destinos de una nación. Como curiosidades de esa época, nos encontramos con el momento histórico en que El Salvador fue el segundo y único país, fuera del Japón, que reconoció el gobierno títere del Manchukuo (impuesto por el Japón imperial), y que al volverse las tornas en contra de los paises que luego conformarían el Eje (Alemania, Italia y Japón), el gobierno de Martínez se vería obligado a renegar de dicho reconocimiento. Una nota al pie de nuestra historia diplomática.
La obra que nos ocupa, es por derecho propio, parte de nuestra historia pero también una advertencia de nuestro futuro. El autor con diafana clarividencia nos regla un estudio jurídico de una de las dictaduras latinoamericanas más emblemáticas y poco estudiada. Debería ser de obligatoria lectura y estudio en nuestros colegios y universidades y claro, se las recomiendo de todo corazón, pues es una lectura imperdible.