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viernes, 7 de julio de 2017

EN EL CIELO ESCRIBIERON HISTORIA


A veces es tan difícil separar nuestro nacionalismo de la objetividad con que debemos tratar la historia, no es fácil, incluso la prensa estadounidense tiene problemas a la hora de cuestionar a sus gobernantes cuando deciden atacar otra nación, es entonces que los críticos corren el peligro de ser llamados traidores, pero lo cierto es que si decidimos tomar el reto de escribir sobre hechos históricos, algo de ética debe revestir nuestra pluma.
El presente libro libro se publicó en 1972, apenas 3 años después de que El Salvador y Honduras fueran parte de una guerra corta pero intensa y cruel, el discurso nacionalista impregnaba las publicaciones de la época y cualquier cosa se podía escribir siempre que estuviera en consonancia con la propaganda del gobierno de turno, en ese sentido, la historiografía hondureña sobre la guerra de 1969 no se aparta del guión estalinista que en su época impuso Stalin a los cronistas de la Segunda Guerra Mundial.
El autor de la presente obra, como periodista del diario La Prensa de Honduras, mientras cubría la batalla por la ciudad de Nuevo Ocotepeque (en la guerra de julio de 1969) informaba a sus lectores que las defensas hondureñas habían pulverizado a los atacantes salvadoreños ocacionándoles más de 700 bajas y librando una fiera lucha de 14 horas. Ahora se sabe que tal batalla apenas duró alrededor de 4 horas y costo a los hondureños 100 muertos en sus filas y muchas menos en las filas salvadoreñas. 
Menciono este dato porque, otra vez, en su presente obra de 156 páginas, habla de una superioridad aérea hondureña sobre los campos de batalla y el territorio salvadoreño, sin embargo en su narración, una y otra vez nos describe a los aviones salvadoreños bombardeando objetivos en territorio hondureño, a sus aviones volando patrullas de protección aérea sobre territorio hondureño. A excepción del día 15 de Julio, los aparatos de la fuerza aérea hondureña no volvieron a volar sobre territorio salvadoreño. Los aparatos hondureños fueron obligados -por la derrota de su infantería- a suplir el apoyo de fuego inexistente en su ejército, esto anuló cualquier pretensión de sacar provecho a su supuesta superioridad aérea.
Incluso sus datos sobre misiones de ataque y blancos alcanzados están en directa oposición a lo publicado en 1984 por la FAH, cuando ésta publicó su Diario de Operaciones de la guerra de Julio de 1969. Vuelos nocturnos cuando no había capacidad para ello, misiones fantasmas que nunca ocurrieron y blancos alcanzados y destruidos que sus propios informes (de las tropas hondureñas en primera fila) desmienten al calificar dichas incursiones aéreas como totalmente fallidas, dejan en la disyuntiva al lector de cuanto creer y cuanto atribuir a la carga nacionalista del autor. una misión en particular me llamó la atenció, la que aviones de la FAH realizara sobre los alrededrores de Nuevo Ocotepeque el día 17 de Julio, en el que destruyeron dos tanques salvadoreños.
Ya se sabe que los combates por Nuevo Ocotepeque finalizaron al atardecer del día 15 y el 17 no hubo intento por retomar la ofensiva salvadoreña con el apoyo de los tanques Stuart de que disponia, además, esta bien comprobado el destino de los 5 tanques Stuart del ejército salvadoreño, cuyos ejemplares se encuentran en dos museos militares del país (nada que ver con "un amasijo de hierro y latas" en que quedaron como asegura el autor del presente libro).
Para mí como investigador de ésta temática, es bien difícil atribuirle valor histórico a unos relatos que no son respaldados, sino por el contrario adversados por sus propios fuentes oficiales. Por ello vuelvo a repetir, debemos acercarnos con mucho cuidado a éste tipo de literatura, sacar lo mejor que se pueda de los datos que aportan y verificar en fuentes independientes, directas o más objetivas la veracidad de sus "hechos". Es una tarea que en algún momento deberemos enfrentar si queremos llegar a la verdad de ésta guerra y legarles a nuestra juventud un acercamiento más objetivo a estos hechos. La historia es implacable y nos juzgará por ello, es un reto difícil pero no imposible.