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viernes, 5 de agosto de 2011

MI ESTUDIO


Al terminar la guerra en 1992, mi mayor alegría fue escribir, es una pasión que comenzó muy pronto en mi vida, antes de ser militar. Allá en mi pequeño pueblito de Alegría, enclavado en las verdes plantaciones de café, que bordean las faldas del volcán de Tecapa; entre los días brumosos y los llenos de sol, ahí donde naciera Alberto Masferrer, ahí escribí mi primer trabajo no profesional.
Unos meses antes, mi Padre, un maestro de matemáticas me dio el regalo mas grande que he recibido en mi vida de adolecente. Un día viernes, llego como siempre de su trabajo en un lejano pueblito del norte de San Miguel, bajo su brazo llevaba el primer ejemplar de una nueva enciclopedia, ASÍ FUE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, cada dos semanas llevaba un nuevo facículo, hasta que se completaron los 6 tomos y 97 facículos. Para mi era preciso llegar lo mas pronto posible a casa, luego de un día de clases, no podía esperar para abrir mi faciculo y leerlo, me sentaba frente a  mi pequeña mesita de trabajo. No se cuantas veces leía cada facículo pero en mis cuadernos hacia trazos de sus mapas de guerra, el recuento de sus batallas y como no, mi predilección por el ejercito alemán, fueron sus paracaidistas, sus tropas de montaña pero sobre todo, sus Divisiones Panzer las que me cautivaron; quede tan asombrado de las proezas que este ejercito alcanzó en la guerra, que al terminar de leer la enciclopedia completa, decidí hacer una contribución a la historia.

Andrea, la reina de mi estudio


había que reescribirla, había que hacer justicia al ejercito alemán, aunque siempre había que matar a Hitler por criminal. Mi madre, que también era profesora de ciencias sociales en el tercer ciclo fue quizás, la que mayor impulso dio a mi decisión, ella me compro 20 libretas de papel de empaque; en ellas reescribí la Segunda Guerra Mundial casi completa, para mi, fue toda una aventura. después, al pasar los años, la decisión de iniciarme en la carrera de las armas fue algo natural en mi corazón y al terminar la guerra, escribir sobre ella, fue la mejor decisión que pude tomar, aunque ello significo un voto de pobreza.
Escribir sobre uno de los hechos mas impactantes en la vida de la humanidad, habiendo sido protagonista de esos hechos, me ha llevado por caminos insospechados para mi. Lo primero que tuve que hacer fue decidir el como escribir, es decir, escribiría la historia de la guerra desde el ángulo de la milicia oficial o aceptaría el reto que otro gran militar acepto mucho antes que mi. El Cap. Lidell Hart, ese oficial británico despreciado por sus contemporáneos, se convirtió al final de la SGM, en el ideal del historiador militar, como él escribió cierta vez, se atrevió a escalar la colina e ir al otro lado del campo de batalla, logrando auscultar con mucha mayor rigurosidad esas batallas que le han hecho contener el aliento al mundo entero, ese fue el reto que decidí seguir.
Claro que esta decisión solo la pude tomar después de cierto tiempo, cuando pude reconciliar mi odio y mi desprecio por aquellos que habían sido mis enemigos durante la guerra, solo después de un largo proceso, la decisión fue como mas natural; una vez que di el paso, la pasión por los detalles que se develaron ante mi mente inquisidora, sobre aquellas legendarias batallas de nuestra guerra, escuchadas de la boca de mis anteriores contrarios y de mis camaradas en el ejercito, me lleno de una satisfacción que aun ahora, revivo cada vez que entrevisto a alguien de estos veteranos. Lo que no me imaginaria, es que esta cercanía me retribuiría con la amistad de algunos de ellos, amistad que ahora valoro con mucho agradecimiento y humildad.



Mi estudio era solitario y callado, rodeado de estantes llenos de libros y de mi infaltable computador, con un mapa a la mano, al que he agregado una lupa también, aquí escribo los borradores de esos libros que recogen las experiencias de guerra de toda una generación de veteranos, de ambos bandos. Aquí, noche tras noche fui emperador y rey absoluto de mis dominios pero sin saberlo la rueda de la fortuna, el destino o la gracia divina harían añicos mis pretensiones de grandeza.
Hace ya 4 años, su pequeña sonrisa me deslumbro en una mañana de un lejano mayo, quede anonadado, fue tanto el impacto, que por momentos me pareció ver sus ojos de color azul claro, detuve por un momento a la enfermera y mi corazón se lleno de una alegría que no esperaba recibir en esta vida. A 4 años de ese feliz acontecimiento, reconozco que ella, mi pequeña hija Andrea es reina de este estudio, junto a mi escritorio esta el suyo, también con su pequeño computador y cuando me ve trabajar, ella dibuja y canta conmigo, algunas de las canciones que durante la guerra, se volvieron tan populares para nosotros los soldados, también le gusta revisar mis mapas y siempre me da algún concejo sobre que color de pintura aplicar a mis escritos.




Que maravilloso  ha sido para mi, la llegada de mi hija Andrea, ella representa esa generación futura a la que debemos al menos, enseñarles la verdad de los hechos que ensangrentaron nuestro país, a ellos debemos una mirada mas objetiva de esa guerra y sobre todo, a ellos debemos la enseñanza del perdón. Muchas veces, me ha tocado llevarla conmigo a mis entrevistas, es así como ha conocido a muchos veteranos, de muchos de los cuales se ha vuelto amiga y no deja de preguntar por ellos, que fantástico ha sido para mi sus enseñanzas. Ahora, cuando escribo, me siento mucho mas lleno de alegría, con mas prisa por acabar mis investigaciones presentes y emprender una nueva. Espero que cuando los carros troyanos (como dice mi amigo Berne) pasen por nuestros patios traseros, de lo que fueron nuestras casas, yo estaré con la diosa Venus riéndome por haber dejado las penurias de este mundo.

Y para los que amamos la Historia Militar. éste excelente video clip de la Coca-Cola