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jueves, 15 de diciembre de 2016

COLOMBIA, LABORATORIOS DE EMBRUJOS


Una obra que no se aparte del guión de la izquierda intelectual al presentarnos una trama entretejida en la lucha de clases salvadora de los pueblos. Sus 373 páginas son la repetición de un estribillo que a lo largo de todo el continente Americano han propagado autores que diz que nos hablan de la historia de nuestras guerras, tampoco se trata de defender instituciones o personas que deben hacer su propio examen y aceptar sus equivocaciones, para eso están nuestros historiadores, para presentarnos estudios balanceados que nos permitan entender los entresijos de los conflictos que han plagado nuestro continente, sin colocar nuestro corazón ideológico antes que el resultado de una verdadera investigación.
Sabemos que algunos escriben para defender ideas y a personas, éste es el principal problema de nuestros escritores e historiadores, sin quitarse esa venda, muy poco podemos aprender de nuestro pasado, de nuestros aciertos o errores, como estudioso de nuestros conflictos trato de aportar mis ideas a éste debate y como siempre lo he dicho, aún en este tipo de libros, algo bueno puede rescatarse.
Me intereso sobre manera la mención a los manuales de campaña que implemento el ejército de Colombia en su lucha contra las guerrillas y las bandas del narcotráfico, sobre todo ahora que se ha firmado la paz en aquel país, después de más de 52 años de guerra. Los especialistas en temas de insurgencia y contra-insurgencia deberán ahora, realizar sus estudios y proveernos las lecciones aprendidas de éste conflicto, es en éste contexto que la referida obra nos puede ayudar al ubicar algunos de los elementos doctrinarios utilizados por el ejército colombiano.
La mención de las políticas de seguridad interna y en ellas, la preeminencia a la implementación de un buen sistema de inteligencia, son otro importante dato en ésta obra, ellas y la creación de una vigorosa fuerza territorial (Defensa Civil) fueron capaces de arrebatarle la iniciativa estratégica a los movimientos insurgentes y con la ayuda de la alta tecnología, asestar duros golpes a la dirección estrategica de dichos grupos subversivos.
El señalamiento de abusos de autoridad, crímenes de guerra, secuestros y otros, atribuidos al Estado y sus fuerzas militares y de policía, son otro problema que deben enfrentarse con madurez y verdadera crítica para, de ser ciertos, obtener las enseñanzas pertinentes y crear las reformas adecuadas en estas instituciones para evitar que se repitan en un futuro. Lecciones aprendidas en Sudáfrica y en nuestro propio país nos recuerdan siempre la fragilidad del ser humano confrontado en una lucha donde el profesionalismo y nuestra propia humanidad, deben constituir la norma y no la excepción en la conducta de los ejércitos en éstas fratricidas luchas.
La obra dedica mucho al fenómeno de lo que ha pasado a conocerse como el Paramilitarismo, como expresión peyorativa para describir el surgimiento y consolidación de los paramilitares en Colombia, una estructura que ganó autonomía propia, volviéndose un elemento de terror más en el accionar de los grupos violentos colombianos. Una lección que debe ser aprendida y estudiada en nuestros centros de enseñanza militar.
Otro tema tratado muy superficialmente en la obra, es la cuestión de las unidades de Soldados de Mi Pueblo, esa organización territorial que vino a significar la recuperación de los territorios bajo influencia subversiva por el Estado y que en definitiva, creó las condiciones necesarias para arrinconar a las guerrillas y llevarlas a las conversaciones de Paz, esa Paz que ahora se ha logrado.