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martes, 31 de mayo de 2016

CÓNDOR EN EL AIRE


Cuando comencé a leer Cóndor en el aire, no esperaba encontrar en el conflicto colombiano una gran similitud con la guerra salvadoreña, ni que ambos ejércitos estuvieran tan conectados en su doctrina de contrainsurgencia a traves de compartir el entrenamiento que las Escuela de Lanceros inpartió a los alumnos salvadoreños que comenzaron a llegar a ésta a mediados de los años setentas, a pocos años de la exitosa ofensiva militar colombiana contra el ELN, la Operación Anorí.
La obra del Tcnel. Villamarin Pulido documenta profusamente la primera operación aerotransportada del ejército colombiano en 1973, contra 3 columnas del ELN, operación que estuvo a punto de destruir dicha organización terrorista. Objetivo que no pudo ser logrado debido a la intervención del estamento político de ésa época, acción que me ha hecho reflexionar sobre los mismos problemas que el ejército salvadoreño tuvo que enfrentar en su guerra.
La obra de 345 páginas es rica en ejemplos operativos y tácticos de las operaciones de contrainsurgencia, nos muestra las dificultades que tuvo que superar el ejército regular colombiano para adaptarse a su nuevo enemigo y su forma irregular de combatir. Cómo se afinaron las nuevas tácticas, el tipo de unidades requeridas y la calidad del mando superior al comprender la nueva forma de lucha irregular. Los exitos finales de la operación reseñada estuvieron antecedidos por fracasos que dejaron profundas enseñanzas a los comandantes de campo que dirigieron las operaciones.
El uso de las operaciones tipo Yunque y Martillo, tan comunmente utilizadas al principio de la guerra salvadoreña son descritas aquí como una valiosa herramienta táctica para combatir a un enemigo tan escurridizo como son las guerrillas. El uso de unidades especiales, de combate, de rastreo, comunicaciones, interrogación e inteligencia fueron valiosas enseñanzas que luego, los salvadoreños emplearían en su guerra. Estas enseñanzas, proveidas en la Escuela de Lanceros colombiana fueron complementadas por las enseñadas en la Escuela de Las Américas del ejército estadounidense.
Algunas enseñanzas no fueron aplicadas por los salvadoreños, por ejemplo, de su experiencia, los colombianos dedujeron que no era conveniente mantener bases permanentes desperdigadas en el terreno, ya que eran objetivos apetecidos por las guerrillas que las atacaban con mayores efectivos, y cuyo aislamiento impedia un refuerzo inmediato, precisamente lo que aplicaron las guerrillas del FMLN entre 1981 y 1983 al atacar las bases aisladas y pequeñas del ejército, destruyendolas casi en su totalidad.
No hay duda que la presente obra es todo un compendio de experiencias acumuladas, buenas y malas que todo soldado profesional debería estudiar, sin duda una gran lectura, amena y fácil de seguir aún para los más legos.