Por Herard Santos
Marzo 2026
En Vietnam, los
comunistas colocaron como blanco principal de su campaña de terror “Destruir
los diversos programas políticos, sociales, económicos y de tipo militar que la
Gobierno Survietnamita tenía en marcha, en aquel momento, en las 2.500 aldeas
del país, conocidos colectivamente como el Programa de Pacificación,
destruyendo así cualquier fe y confianza que los aldeanos de dichas aldeas pudieran
tener en el gobierno de Saigón” (capital de Vietnam del Sur).
El FMLN, al igual que sus
compañeros del Vietcong, aplicaron esta política teniendo casi los mismos
objetivos, pero en cierto momento, aplicaron dicha violencia política al asesinato
selectivo de funcionarios del gobierno, que, en el caso del Vietcong, fueron
bastantes reacios a aplicar en demasía. Así pues, si uno compara el empleo del
terror como estrategia insurgente en ambos casos, nos daremos cuenta que su uso
e intensidad varía dependiendo de las circunstancias políticas y militares en
el momento en que se aplicaban. Por tanto, no podemos decir que fueron campañas
de terror con los mismos objetivos o de igual intensidad, pero claramente
formaron parte de la estrategia de ambas luchas.
Vietnamitas y
salvadoreños crearon y emplearon unidades selectas de asesinos o sabotaje, que
fueron quienes llevaron a cabo la táctica del terror. El autor lo define más
claramente: “En resumen, los comunistas operan un sistema de control de la
población basado en parte en el terror”. Algunos eufemismos lo han llamado
programa de violencia no militar o política, y así tratar de evitar el uso de
palabras perturbadoras como asesinato selectivo, ajusticiamiento o simplemente
asesinatos. Recuérdese que los comunistas han sido maestros del empleo del
lenguaje para confundir y ocultar sus verdaderos propósitos.
Como el objetivo de su
lucha es el control social de la población y el territorio en que vive, el uso
del terror esta dirigido principalmente contra los funcionarios del gobierno
que hacen posible la contrainsurgencia (empleados de los programas de
pacificación, soldados de franco, alcaldes, policías, personas de influencia local,
etc.), de ahí, que en el caso salvadoreño viéramos campañas de violencia contra
los miembros de la Defensa Civil (los llamados patrulleros), soldados de franco, alcaldes,
jueces y otros. Estas campañas de terror no fueron uniformes y se aplicaron según
las circunstancias de cada momento.
En fin, es un libro que
debemos leer para entender y contextualizar la campaña de terror que el FMLN libró
en la guerra salvadoreña a partir de su aprendizaje de sus homólogos del
Vietcong.

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