sin embargo diré, que es un buen intento por profundizar en la vida institucional de las fuerzas armadas salvadoreñas y su relación con el mundo político y social de su época. Su explicación simplista sobre un sector de la fuerza armada que se vuelve contra sus compañeros de armas por el solo deseo de defender los valores constitucionales (según la constitución de cada época) falla, al no tener referencias más robustas en el tiempo, pues sus únicas entrevistas con oficiales de este cuerpo caastrense se remontan a quienes participaron del Golpe de Estado del 15 de octubre de 1979. Al retrotraer la visión de los oficiales entrevistados al pasado, hasta 1931, la extensión del pensamiento se vuelve forzada y muy simplista.
Lastimosamente nuestros oficiales, a lo largo del tiempo, no han sido muy proclives a escribir sus memorias, que sería una forma de subsanar la falta de fuentes, tampoco contamos con memorias de los diferentes gobiernos militares desde el Golpe de Estado en diciembre de 1931, y si los hubieron, se han desvanecido en los gabinetes gubernamentales de algún funcionario. Como toda la obra esta salpicada de los consabidos términos de la lucha marxista, la lectura se vuelve arida y desesperante.
Algunas notas de pie de página, sin embargo, me han resultado interesantes, sobre todo aquellas referidas a la organización de la fuerza armada en las épocas de los gobiernos del Gral. Hernández Martínez y Myr. Oscar Osorio, sus números y algunos equipos militares. Quizas, lo más valioso de la obra, sea la perspectiva de los oficiales que participaron en el Golpe de Estado del 15 de octubre de 1979, pues nos rebela algunos de los entretelones de la organización y ejecución de este golpe. Así como las razones por las cuales los coroneles Abdul Gutierrez y Guillermo García fueron admitidos entre los complotados.
Si duda un gran reto por leer, pero necesario, si se es un investigador de nuestro conflicto.
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