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jueves, 3 de enero de 2013

EL TRASIEGO DE ARMAS PARA LA OFENSIVA FINAL I


A finales de la década del 70 y principios de los años 80s, el FMLN se preparaba para la “ofensiva final”. En el territorio salvadoreño se organizaban los diferentes frentes de guerra, internacionalmente se establecía un corredor logístico por mar y aire para el trasiego de armas. La meta era trasladar 120 toneladas de equipo militar, para lo cual contaban con pilotos mercenarios costarricenses y panameños; aviones del inventario de la fuerza aérea del derrocado dictador Somoza, y la cooperación de las fuerzas aéreas panameñas y sandinistas.
La cantidad de material bélico a transportar implicó durante un período casi un viaje diario. No faltaron los accidentes, en uno de ellos la fuerza aérea salvadoreña con apoyo del ejército logró capturar a uno de los pilotos, el costarricense, Julio Romero Talavera. En estas dos entregas narraremos la organización del corredor logístico y la captura del mercenario costarricense.

La organización 
A mediados de 1979 comenzaban a dibujarse las diferentes zonas de operaciones que se identificarían, en adelante, por la influencia particular que cada organización aglutinada en el FMLN tenía sobre ciertos territorios del país. Así el Frente denominado paracentral que comprendía los departamentos de La Paz, San Vicente y Cabañas, se encontraban bajo la influencia de las FPL con presencia de pequeños destacamentos de las FAL, PRTC, ERP, y RN.
El comandante político-militar de las FPL en la zona era Miguel Castellanos. Su puesto de mando se estableció en la finca Paz Opico, situada al nororiente de las faldas del volcán de Chinchontepeq. La principal tarea, además del reclutamiento y adiestramiento de los nuevos guerrilleros, era la de obtener abastecimiento de armas y municiones de cara a la “ofensiva final” que pretendían lanzar en diciembre de 1980 en todo el país.
Ya a principios de 1979, durante una reunión celebrada en Cuba entre los máximos dirigentes del PC, FPL y RN, se organizó con los servicios de inteligencia cubanos el aprovisionamiento logístico y las rutas de suministros para el movimiento insurgente salvadoreño. Se estableció que los cubanos estarían a cargo de armar y entrenar a los nuevos cuadros rebeldes utilizando a Nicaragua como puente y ruta de paso de dichos envíos.
En el frente paracentral, el principal objetivo era entrenar y equipar adecuadamente a las unidades guerrilleras organizadas en la zona (escuadras, pelotones y destacamentos). A mediados de 1980 el comandante Milton de las FPL asumió la dirección de ese frente, y fijó como principal objetivo militar de la ofensiva, en ese sector, el cuartel de Ingenieros (CIIFA) ubicado en Zacatecoluca.

Un puente aéreo para el trasiego de armas

La inteligencia cubana ya tenía experiencia en la organización, planificación y ejecución de un sistema logístico que les permitiera apertrechar a las guerrillas salvadoreñas, como en su momento lo hicieran con los sandinistas en Nicaragua. Se habían reclutado pilotos costarricenses y panameños principalmente para operar una de estas líneas de suministros.
Pilotos costarricenses habían transportado armas desde Cuba y Panamá, para las guerrillas sandinistas por medio de un puente aéreo entre ambas naciones y Costa Rica que funcionó entre octubre de 1978 y julio de 1979 más o menos. Se estableció además, según evidencias capturadas por el ejército salvadoreño, un puente de la Fuerza Aérea de Panamá al servicio del FSLN, con o sin conocimiento del gobierno del general Omar Torrijos. Tres vuelos diarios con armas procedentes de Panamá llegaban a Costa Rica, al aeropuerto de Llano Grande, en Liberia, o a la pista de aterrizaje de la Hacienda María Teresa, a 7 kilómetros al norte de Liberia.
El puente aéreo operaba con aviones Aztec, Aerocomander y Navajo, un DC-3 y un DC-6 fueron utilizados también para transportar armas tanto de Panamá como de Cuba. El DC-6, bautizado luego por los sandinistas con el nombre de “Comandante guerrillero Germán Pomares”, realizó decenas de vuelos entre Cuba y el aeropuerto de Llano Grande. A finales de diciembre de 1978 aterrizó en el aeropuerto internacional Juan Santamaría de Costa Rica un Boeing 707 procedente de Alemania Occidental con 60 mil libras de material bélico para el frente sandinista. Semanas más tarde, en San Juan Santamaría arribaba un DC-8  procedente de Portugal  con otras 90 mil libras de material bélico para el mismo destino.
 
El puente aéreo entre la base militar Martí 1 en Baracoa, 25 millas náuticas de la Habana y el aeropuerto de Llano Grande en Costa Rica, funcionó entre fines de mayo de 1978 y el 17 de julio de 1979. Un total de 21 vuelos con una carga promedio de 31 mil libras de material bélico por viaje se realizaron en el DC-6 de una compañía costarricense, y 10 de esos vuelos fueron tripulados por costarricenses, los demás fueron tripulados por personal panameño. Según el testimonio de algunos pilotos costarricenses, hechos públicos en 1980, y que participaron de este puente aéreo, en cierta ocasión un jefe de la inteligencia cubana, el comandante Manuel Piñeiro, durante una celebración en octubre de 1979 en la Habana, preguntó si los tripulantes costarricenses estaban en condiciones de participar en una operación de mucha mayor envergadura transportando armas para El Salvador.



Un vuelo diario
Como se explicaría después en el libro “Conversaciones con el Comandante Miguel Castellanos”, el ingreso de las armas y municiones dependía de dos factores: de los corredores que se utilizarían y de la situación política que estuviese viviendo Nicaragua. El primer corredor era la vía aérea desde Managua aterrizando en distintas haciendas salvadoreñas que tenían pistas, como la San Carlos, cerca de la costa de San Vicente. Dicha ruta era complementada por el corredor marítimo entre Chinandega, Nicaragua, y las costas de Jucuarán en El Salvador, y otro corredor terrestre a través de la frontera hondureña, siempre procedente de Nicaragua.
Los vuelos a la zona paracentral del país comenzaron a regularizarse y  para 1982  llegaron a alcanzar una media de siete vuelos semanales, según la inteligencia estadounidense. Uno de los primeros envíos de armas a El Salvador por vía aérea  se accidentó y fue capturado por el ejército salvadoreño. La mañana del domingo 15 de junio de 1980, entre las 0500 y 0530 horas, un bimotor Aerocomander 560-A, propiedad de la Fuerza Aérea panameña, se estrello en la pista de la hacienda Miraflores de San Miguel. En varias cajas apiladas en el fuselaje del avión había un total de 22 mil cartuchos calibre 7.62mm para fusiles G-3 y Fal. Las cajas tenían viñetas del Ministerio de la Defensa de la república de Venezuela.
En enero de 1981, de cara a la denominada “ofensiva final” de la guerrilla salvadoreña, se intensificó el abastecimiento de armas al FMLN desde Nicaragua, empleando medios aéreos y pilotos de la Fuerza Aérea Sandinista, así como la red de pilotos colaboradores costarricenses y panameños. La labor no era fácil, pues había 120 toneladas de equipo militar a trasladar.  
De acuerdo a la información publicada en el diario La Prensa de Nicaragua, en septiembre del año 2001, los pilotos ticos, que habían hecho el mismo trabajo en la lucha contra Somoza, devengaban supuestamente 2 mil dólares por viaje, bajo las órdenes del legendario Renán Montero Corrales de origen cubano, cuyo verdadero nombre era Andrés Barahona López, y en ese momento jefe de la Dirección Quinta de la Seguridad sandinista. Para ello se rehabilitó y mejoró una pista aérea agrícola, denominada Papalonal, al norte de Managua, desde donde partían los aviones que estaban en el inventario de la Fuerza Aérea de Somoza y que fueran capturados por los sandinistas al final de la guerra, desde avionetas Cessnas hasta viejos bimotores C-47 de la Segunda Guerra Mundial. En total más de 50 medios aéreos, muchos de los cuales resultaron destruidos.

CONTINUARÁ