Herard Santos
febrero 2026
Esta obra es un estudio sobre las insurgencias en el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y es uno de los pocos que menciona a la insurgencia salvadoreña como objeto de estudio. Recordemos que las guerras de guerrillas implican el uso de recursos militares y políticos para llevar a cabo ataques sorpresivos (en lugar de enfrentarse al enemigo directamente en el campo de batalla), movilizar a la población local y socavar la voluntad de lucha del gobierno.
Como lo expresa su
autor: “el objetivo principal de una estrategia guerrillera es derrotar la voluntad del
gobierno socavando su base de apoyo y aumentando el coste de la continuación de
los combates”.
Son 353 páginas,
divididas en 9 capítulos, a través de los cuales, el autor nos sumerge en un conjunto
de datos que intentan cuantificar el resultado de las insurgencias y sus
luchas. Algunos de los datos aportados son muy interesantes, y en mi caso, desconocidos.
El autor afirma que “Desde la Segunda Guerra Mundial, los grupos insurgentes
lograron la victoria derrocando a un gobierno o logrando la independencia en el
35 % de las insurgencias que terminaron. Los gobiernos derrotaron a los
insurgentes en el campo de batalla en otro 36 % de los casos.
Las insurgencias
terminaron en empate en otro 29 por ciento de los casos, aunque el porcentaje
de asentamientos aumentó en las últimas décadas. Esto significa
Que aproximadamente tres cuartas partes de las insurgencias terminaron con una
victoria en el campo de batalla, ya sea del gobierno o de los insurgentes. Nos
guste o no, las insurgencias generalmente se han resuelto en el campo de
batalla, no en la mesa de negociaciones”.
Algunos datos son más
que reveladores e interesantes sobre el apoyo externo que recibieron algunos
grupos rebeldes. Por ejemplo, el Frente Sandinista de Liberación Nacional. El
FSLN recibió ayuda de varios países, entre ellos la Unión Soviética y Cuba. Según
documentos desclasificados de la KGB, y mencionados por el autor, Carlos
Fonseca Amador, uno de los miembros fundadores del FSLN, fue reclutado por la
KGB.
Otro tema tratado en
la obra, es el referente al entrenamiento militar recibido por los grupos
guerrilleros en América Latina: “En Colombia, las FARC recibieron entrenamiento
del FMLN en El Salvador, que, a su vez, había recibido entrenamiento del Viet
Cong. No fue sorprendente, entonces, que los manuales para insurgentes de las
FARC fueran similares a los utilizados por las guerrillas del FMLN”. Por último,
encontré muy interesante los datos cuantificados y estimados del daño económico
ocasionado durante la guerra salvadoreña:
“En El Salvador, por
ejemplo, el Ministerio de Planificación estimó que la insurgencia causó $1.5
mil millones en daños a la infraestructura y $1.6 mil millones en costos de
reemplazo, una cantidad sustancial para una población de 5 millones en 1990”.
En verdad la obra es un gran aporte al estudio académico de nuestros conflictos
y que todo historiador debe leer y aprender del mismo.
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