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viernes, 12 de agosto de 2011

ADIOS A UN SOLDADO

De Herard Santos, el lunes 02 de mayo de 2011 a las 9:32


Esa fresca mañana del 1 de diciembre de 2010, me levante’ algo nervioso y preocupado, por fin había conseguido una entrevista con uno de los militares más emblemáticos del ejército salvadoreño, odiado por unos y amado por otros, lo cierto es que se ha vuelto un personaje de nuestra historia que solo el tiempo colocara en su justa perspectiva.
Lo conocí en persona cuando una tarde gris, llena de muchos presagios y peligros, siendo entonces Ministro de Defensa, llego a la sede del batallón Atlacatl, casualmente fue a principios de diciembre de 1990, la guerrilla izquierdista había lanzado su última ofensiva regional y había colocado en serios aprietos al gobierno, al derrotar a tres batallones del ejército en una serie de cruentas batallas, en Chalatenango; de pronto el peligro de declarar una zona libre por parte de los insurgentes se volvió una realidad.
El Gral. René Emilio Ponce nos arengo en la plaza de armas del batallón, nos explico lo difícil y desesperada de la situación, sin más reservas disponibles, el batallón Atlacatl era enviado a lavar el honor de las armas salvadoreñas, su voz grave y modulada encajo en cada uno de los presentes, el tremendo peso de aquellas circunstancias. La oscuridad envolvía ya a cada uno de los hombres de aquel batallón, que a pulso se había ganado el respeto de sus enemigos en el campo de batalla: "si ustedes no pueden recuperar el departamento de Chalatenango, nadie lo podrá hacer, son nuestra última esperanza....".
Con esas palabras martillando nuestras mentes, abordamos los camiones que nos esperaban para encontrarnos con nuestro destino y cumplir con nuestra misión. Luego lo vería de nuevo, cuando el Presidente Cristiani llego para celebrar el ultimo aniversario del batallón Atlacatl, ese 1 de marzo de 1992, seria especial para mí, la paz se había firmado y el Presidente me colocaría en persona, mi gafete de Herido en combate, junto a él se encontraba el Gral. Ponce, ya en la recepción privada, tanto el Presidente como el Ministro cantarían el Jup Jup distintivo del batallón y serian bautizados con la copa Atlacatl, en lo que sería la ultima celebración oficial de este mítico batallón.
Cuando en 1994 empecé a escribir mis memorias, también nació en mi, el deseo de escribir la historia de nuestra guerra, no ya como un protagonista de la misma sino de forma mas académica, entrevistando a ex- guerrilleros como a compañeros militares, quería develar los mitos de las batallas que conforman la historia de nuestra guerra. En 2006 publique mis memorias al fin, el acto se realizo en el Museo de Historia Militar ubicado en San Jacinto, esa mañana de sábado, el Gral. Ponce me acompañó y sus palabras me animaron a continuar con nuestra historia, aunque había en el, un deje de amargura. Esta amargura venia de lo vilipendiado que el soldado salvadoreño ha sido después del término de la guerra, en especial su persona, blanco de acres críticas y seudo-acusaciones. Jamás lo dejaron descansar, por ello, para mí, era especialmente difícil entrevistarlo en aquellas circunstancias y más aun, lograr que me concediera tal entrevista, ya que, aunque compañeros de armas ambos, veíamos con mucha diferencia el papel de la historia militar en la reconciliación del país.
La cita estaba pactada para las 1130 de la mañana, aborde mi automóvil y me dirigí a su oficina situada en la gasolinera ESSO, frente al Rancho Navarra, carretera al aeropuerto, mentalmente trataba de organizar el enfoque de la entrevista. Al llegar, su secretaria me hizo pasar a su despacho, sencillo y sin muchas comodidades, un ambiente ideal entre soldados. Con su característica amabilidad me ofreció algo de tomar y me pregunto por mi trabajo y en que podía ayudarme. Le conté lo mucho que hace falta investigar sobre la guerra que en 1969 libramos contra Honduras y que siendo él un veterano de aquella guerra, me gustaría mucho que recordara junto a mí, tan trascendentales hechos; me miro a los ojos, se acomodo en su silla y ante mis ojos, comenzó a rememorar aquellos lejanos días, de cuando los aviones corsarios enemigos, los buscaban a ellos (nuestra artillería de campaña) por todo el frente de guerra para destruirlos.
Al terminar la entrevista le estuve muy agradecido por su confianza y por haber compartido conmigo esos recuerdos. El jueves de la semana pasada hable con el Gral. Juan Orlando Zepeda un gran amigo mío y compañero de promoción del Gral. Ponce para preguntarle por el estado de salud de su compañero, que en esos días, ya había sido hospitalizado, al parecer todo había salido bien y el Gral. Ponce se encontraba en recuperación. Este lunes 2 de mayo, a las 7 de la mañana, mientras me encontraba en el Hospital Militar, recibí la noticia de su fallecimiento, mi corazón se apesadumbro, me detuve un momento y fue entonces que comprendí, que esta madrugada, mientras soñaba con la muerte a la vez que un intenso frio me sobrecogía, un gran soldado desde sus últimos estertores nos decía adiós, su lucha había terminado.


Para este humilde soldado que compartió las angustias de la guerra de su tiempo, no queda más que el orgullo de haber caminado entre estos gigantes, cuyos ecos se escucharan aun cuando los siglos pasen y otros, al recordar estos días volverán la mirada sobre aquellos guerreros, cuyos fantasmas siempre habitaran en nuestros campos de batalla.